Familia: Esperanza y amenaza

El comentario

Calificación:          

12:00 a.m. 30/12/2012

Estamos en los inicios del ciclo de Navidad-Epifanía y venimos del cierre del adviento. Un triste adviento, no hay duda. Un adviento marcado por una mala noticia para todo ser humano de buena voluntad: se abre la puerta entre nosotros a ser parte del holocausto más dramático de esta parte de la historia, esto es, la violencia y la destrucción de embriones humanos derivado de una falsa conciencia de derecho que oscurece la belleza que está tras la idea de don.

Triste adviento el que cerramos y, como si ello no fuera suficiente, recientemente hemos leído a juristas locales hablando de una posición católica “retrógrada” por la defensa de la vida humana no nacida. Yo me apunto a esa posición en toda circunstancia y asumo lo que con ella venga. Además me apunto a otra posición: la que enseña Tomás de Aquino con respecto a normas o exigencias injustas: al desacato, a desoír y a combatir si es ese el caso.

En este marco llegamos a un texto del Lucas que nos habla de otra realidad atacada un día sí y otro también por la locura desencadenada por voluntades perversas que hoy todo lo trastocan y deforman. Me refiero a la familia.

Con motivo de la Pascua (además de Tiendas y Pentecostés) la familia de Jesús va a Jerusalén como lo manda la Ley. En la comitiva, de regreso, retornan al pueblo de donde salieron Jesús y sus padres.

De repente, al buscarlo, José y María notan que Jesús se ha quedado en la Ciudad Santa. Y, tras buscarlo, lo hallan en uno de los corredores externos del Templo. El evangelista nos muestra al Niño en actitud de enseñar, de mostrar novedades, de proponer. Los maestros, que no están en el centro del grupo, solamente preguntan y hacen ver sus posiciones. Lo que Jesús dice asombra. Los padres de Jesús no comprenden muy bien lo que pasa y hasta le reprochan su actitud. Lo que Jesús dice sobre su relación con el Padre no parece tranquilizarlos mucho.

Al final se hace ver cómo Jesús va Nazaret con los suyos y cómo les obedece mientras, tanto José como María, se dan a la tarea de educar al Señor. Este, por su parte, crece integralmente y en la conciencia de su misión: sabiduría, estatura y gracia ante Dios y los hombres.

El hogar es cuna, entorno cálido de amor y escuela de vida, socialización y fe. Comprenderlo así le permite a Juan Pablo II decir: “¡Familia, sé lo que eres!”.

No es lo mismo que pueden decir los que hoy desde todos los frentes buscan destruirla. P. Mauricio Víquez Lizano.

compartir

     
  • Agregar Digg
  •  
  • Agregar Reddit
  •  
  • Agregar Furl
  •  
  • Agregar Facebook
  •  
  • Agregar Spurl
  •  
  • Agregar MySpace
  •  
  • Agregar Terchnorati
  •  
  • Agregar StumbleUpon
  •  
  • Agregar Google Bookmarks
  •  
  • Agregar Delicious
  •  
  • Agregar MyAOL
  •  
  • Agregar Slashdot
  •  
  • Agregar Live
  •  
  • Agregar Twitter

califique la nota

Opine sobre este artículo

¿Es usted miembro? Ingrese al sistema

O regístrese utilizando Facebook


No logueado ..

Solo necesita su usuario y contraseña de Facebook.

Correo electrónico:

Contraseña:

 

Olvidó la contraseña ?

Presione aquí para registrarse gratis en nacion.com si aún no lo ha hecho. / Este sitio requiere Cookies

Publicidad

Publicidad

Publicidad