Un pedacito de papaya en el desayuno me llevó a buscar el origen de la palabra ‘economía’. Me topé con la palabra oikonomos. Recordaba la primera parte, oikos, ‘hogar’, pero no la segunda, nemein, ‘administración’. Bueno, pensé, llevándome el pedacito de papaya a la boca, que se trata de administrar el hogar en los tiempos en que el hogar estaba muy asociado al fuego del horno y a una familia unida por un solo afán: resguardarse. Ahora se trata de otra cosa muy lejana a ese pedacito de papaya que por lo visto no comen la mayoría de los niños en un hogar inexistente en cuanto a parámetros antiguos.
La economía hoy está desnutrida de frutas, vegetales y todas las demás áreas de la vida en sociedad. La desnutrición también la padecen la administración pública, la educación y el Gobierno. No existe la retroalimentación. El sistema está desnutrido, que lo digan la gran cantidad de niños que corren a la escuela a comer y la gran cantidad de niños que sufren de obesidad. Un sistema que lleva años mal nutrido educativa y socialmente. Resultado: gente que no come papaya. Disciplinas que no comen lo que hacen las otras, propuestas que no comen lo que ya tienen cultivadas otras escuelas y menos.