L as lúcidas, lucidas paredes de la Galería Nacional no se cansan de andar por el tiempo y los colores, y nos llevan esta vez hacia el bosque de maderas del grabado –una de las “artes fuertes” de Costa Rica– gracias a la exposición Grabado contemporáneo costarricense: Estado de la cuestión.
La muestra reúne medio centenar de obras gráficas de 46 artistas. La Galería Nacional (dependencia del Centro Costarricense de Ciencia y Cultura) y la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica organizaron la exhibición.
La muestra sorprende por la variedad de estilos y de técnicas: ya no solo las que emplean la estampa en madera o xilografía (del griego ‘xylo’ > madera).
Sebastián Mello, director de la Galería Nacional, explica que en la exposición están presentes artistas de varias generaciones, muchos de ellos egresados de la Cátedra de Grabado de la UCR, de la especialidad de Grabado de la Escue-la de Arte y Comunicación Visual de la UNA, y del Taller de Grabado de la Casa del Artista.
La buena salud del grabado costarricense se nota también en la V Exhibición Anual de Estampa Artística, que se ofrece en el Instituto de México.
“Sí, el grabado es una técnica fuerte en Costa Rica. Suelen decírmelo artistas extranjeros que llegan a nuestro país. Ellos notan que aquí se dominan las técnicas tradicionales, como las impresiones a mano, pero que también se aplican nuevas tecnologías, basadas en la informática”, expresa Mello.
Un caso de puesta al día es el trabajo de Salomón Chaves, profesor de grabado en la UCR, quien acaba de lograr un doctorado en su especialidad en la Universidad Complutense, de España. Chaves practica el grabado con fotopolímero: lo antiguo y lo moderno en un solo trabajo.
“El grabado no es un arte menor pues, bien ejecutado, es tan valioso como cualquier otra buena expresión plástica”, asegura Ólger Arias, profesor de la Escuela de Artes Plásticas de la UCR.
Arias resalta que la selección hoy ofrecida requirió mucho esfuerzo ya que obligó a elegir entre muy buenas obras presentadas.
Efusión de técnicas. Una de las técnicas empleadas en las obras que se exponen es la serigrafía (impresión de tinta a través de una malla que incluye partes bloqueadas al paso de la tinta).
La serigrafía tomó impulso en el país gracias a la lecciones de Gerardo Bogarín, artista venezolano que arribó en 1978 y promovió esa técnica, usada también por artistas como Ana Joraholmen y Luis Daell. Miguel Casafont Broutin ofrece aquí la cuidada serigrafía El bastón del emperador, y Carlos Llobet, el expresivo trabajo Chancero.
Obviamente, no faltan las clásicas xilografías, como Estancia blanca y Puriscal, ejecutadas en blanco y negro por el maestro Luis Paulino Delgado; Veinte años no es nada, de Alberto Murillo, y Carnaval, xilografía con acuarela de Julio Escámez. Estas dos técnicas también aplicó Adrián Flores Sancho en Entre cielo y tierra.
La cromoxilografía (grabado en madera y en colores) está luciente en obras como Nostalgia (de Grace Herrera), Presencia de los niños (Crisanto Badilla), Barcas (Álvaro Duval) y Tela blanca (Adrián Arguedas).
En gran formato vertical aparecen obras de Marcia Salas: monotipias al trazo y con tiza-pastel. Ella ofrece los autorretratos Maternidad, Lactancia y Sistema circulatorio, y Sopa de cebolla, alegoría de las comidas familiares.
Por su parte, Verónica Navarro expone Máquina dispensadora de besos, pequeña aguafuerte y aguatinta. ¿Cómo se ejecutan? “Se dibuja sobre una matriz de cobre cubierta con barniz; luego se aplican un mordiente no ácido, tinta y papel; con las aguatintas se hacen los tonos grises”, detalla la artista.
Ahora se practica más el grabado no tóxico pues no emplea ácidos, que solían dañar la salud de los artistas.
Entre las obras de técnicas más recientes figuran el “dureriano” grabado en linóleo Los cuatro jinetes del Apocalipsis, del nicaraguense Carlos Barbarena, y Estructura metal, orden caótico, estampa digital de Diego Gutiérrez que nos evoca los Tugurios de Felo García.
Otros notables artistas que han llevado su arte de sombras, líneas y colores a la Galería Nacional son Rudy Espinoza, Priscilla Romero, Sofía Ruiz, Zulay Soto Méndez y Gustavo Serrano.
Asimismo, se exponen obras de Eugenia Rudín, Enar Cruz, Héctor Gamboa, Sila Chanto, Adolfo Siliézar, Javier Calvo, Carolina Córdoba, Yula Cambronero Bonilla, Edgar León, Raquel Valverde y Rebeca Alpízar Barboza.
Historia actual. Como uno de los antecedentes de esta exhibición, el artista y profesor de la UCR Luis Paulino Delgado Jiménez recuerda la Exposición gráfica de fin de siglo, del año 2000, curada por José Miguel Rojas y organizada por el Museo de Arte Costarricense, dirigido entonces por Amalia Chaverri.
Al inaugurar aquella exposición, Chaverri resaltó la calidad del grabado nacional: “Esta madurez muestra la forma en que en esa disciplina se trabajó, se experimentó y se proyectó, sin descanso, con ímpetu y empeño durante el siglo XX”.
De modo coincidente, en su tesis de licenciatura en derecho, Delgado recuerda: “No en vano, Francisco Amighetti, en una de sus intervenciones para inaugurar el primer curso del grabado, en el año 1976, con el maestro guatemalteco Rodolfo Abularach, expresó: ‘Costa Rica es el país por excelencia del grabado y en especial del grabado en madera’”.
Esta exposición puede ser un estímulo más para que pronto retornen los Salones Nacionales del Arte, exhibiciones muy amplias que incluían premios.
El también grabador y fotógrafo Sebastián Mello relata que hace dos meses habló con Ricardo Alfieri, director del Museo de Arte Costarricense, y que ambos coincidieron en apoyar aquel retorno. En el mismo sentido se manifiestan los artistas Alberto Murillo y Ólger Arias.
Sobre muchas de las obras ofrecidas en la Galería Nacional aletea el ángel de Francisco Amighetti, maestro directo de algunos expositores –unos, ya fallecidos–. A otras obras se les nota que las ha movido el mismo aire de familia.
Es posible que la riqueza y la variedad de los árboles de Costa Rica hayan animado a los artistas para que siembren arte con el buril en las maderas de ondulantes sorpresas. ‘Versos’ llamaban los latinos a los surcos del campo.
Nuestra palabra ‘madera’ deriva del término latino ‘materia’; y ambos surgieron de ‘mater’ (madre): evocación que da, a la madera, la calidez del hogar, la textura del amor. Aunque técnicas recientes hayan florecido en la madera, los artistas que trabajan el grabado siempre entran en materia.