gonzalo mena es el primer indígena que se hizo doctor para ayudar a su gente

Un médico bribri cambió su gabacha por botas de hule

Estudiar Medicina le reveló la necesidad de aprender sobre sus propias raíces

Talamanqueño fue asignado por la Caja a la atención de poblados indígenas

Calificación:          

Mercedes Aguero R. maguero@nacion.com 12:00 a.m. 02/12/2012

Las manos suaves con las que manipula el estetoscopio al examinar un paciente, se convierten en fuertes garras al girar las grandes piedras de triturar el maíz.

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No lleva gabacha blanca, pero sí unas botas de hule que le llegaban a la rodilla.

Quería estudiar algo que le permitiera ejercer en el territorio indígena. Quería retribuir a su familia, ayudar a su gente.

Así que buscó espacio en la carrera de Gestión y Producción Agropecuaria de la Universidad Estatal a Distancia (UNED). Pero el destino tenía otro plan para él.

Un día, por pura casualidad, se enteró de que existían becas para estudiar Medicina en Cuba.

La oportunidad no se podía desperdiciar. Hizo maletas y se fue a la Universidad Latinoamericana de Ciencias Médicas de La Habana.

Seis años después, en el 2005, aquel jovencito vecino de Shiroles de Talamanca, venía de regreso con un título bajo el brazo.

Y no era cualquier cartón.

Gonzalo Enrique Mena Selles o Nau Bokitowak – en bribri– se había graduado de Medicina General. Esto lo convirtió en el primer médico aborigen costarricense.

Su ejemplo inspiró a otros y ya son siete los jóvenes indígenas de Talamanca que se han abierto camino en la Medicina.

Hoy, a sus 32 años, Mena es el encargado por parte de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) de una dependencia especial creada para atender los problemas de salud de los pueblos indígenas y comunidades vulnerables de la zona del Caribe.

Es de la mano de la medicina, que este miembro del clan bribri Urukuchawak –dios protector de los árboles de cedro– encuentra el espacio para ayudar a su gente.

Dura prueba. Su camino estuvo lleno sacrificios y obstáculos.

Para un indígena hijo de agricultores, el mayor de una familia de cinco hermanos y sin recursos, no resultaba fácil estudiar Medicina y, mucho menos, en el extranjero.

Pasar tiempo lejos de su gente fue de lo más duro, recuerda el joven, a quien se le seca la boca hablando del proyecto a cargo, de la cultura indígena y del trabajo de sus compañeros, pero que rehúye a toda costa hablar de sí mismo.

Sin la magia de la Internet que existe hoy día, el papel y el lapicero se encargaron de mantenerlo en contacto con los suyos.

Cartas iban de Talamanca a La Habana y de La Habana a Talamanca con noticias y palabras de cariño y de ánimo de su familia y su clan.

Como la comunicación telefónica era tan cara, en su natal Shiroles los vecinos hacían actividades para recaudar fondos y financiar una llamadita de cinco minutos.

“Ese fue un gran sacrificio de la familia. Esto es el resultado del apoyo, esfuerzo y sacrificio de muchas personas”, dice. Es una de las pocas confesiones personales que hace.

Tras seis años y medio en Cuba. Mena regresó al país ansioso por ejercer y empezar a retribuir a quienes tanto se sacrificaron por él.

Pero un nuevo obstáculo surgió. El Colegio de Médicos había decidido darles prioridad a los profesionales graduados en el país y rechazó su incorporación como médico. Sin tal requisito no podía ejercer.

Cansado de trámites sin ningún resultado, colgó el estetoscopio y se fue a buscar cómo ganarse la vida.

Trabajó en la costa haciendo jardines y en un supermercado, pero con la esperanza de que su lucha algún día sería recompensada.

Casi tres años después, el Colegio de Médicos reconoció su título y le dio aval para la práctica.

A buscar las raíces. Al volver a su tierra, Mena corroboró lo que estudiando había intuido: el título no era suficiente para ayudar a su gente tal y como deseaba. Tenía que conocer más de su propia cultura, de sus raíces. Y ganarse un espacio entre los indígenas.

“Yo me he acercado mucho ahora. Antes de irme a estudiar, mi entorno era Shiroles y entonces no había muchas cuestiones culturales en mí. Todo lo que tenía era basado en lo que me había facilitado mi abuela. Pero cuando estuve estudiando, vi la importancia de incorporarme en todo esto”, narra.

Y es que si se apegara estrictamente a las normas indígenas, regidas por clanes, Mena no podría ser médico. En el clan, un médico significa autoridad y ese no era su caso. Tampoco quería que se le viera como un intruso o alguien que intentaba imponerse por tener el conocimiento médico.

Por esto se acercó a los mayores, lo que para un aborigen significa volverse estudioso.

Poco a poco, se fue abriendo camino, ganándose la confianza y el respeto de los mayores. “Me he acercado y he participado tanto con ellos que ya los mayores me han aceptado y me han subido a cierto nivel de jerarquía”, explica. Esto ocurre en el clan donde participan los destinados a ejercer la medicina indígena, algo muy distinto a lo que es su clan, cuya misión es cuidar los cedros.

Hoy, confiesa con enorme satisfacción, que ya le han permitido participar de eventos como jala de postes, construcción de edificaciones, ceremonias fúnebres y otras actividades consideradas una especie de “privilegio”.

También le han concedido la posibilidad de sentarse en la maca, lo que para un rey sería el equivalente a ocupar el trono.

Medicina a la medida. Ya inserto en los clanes más prestigiosos y en las prácticas culturales indígenas, Mena siente tener más herramientas para llevar su conocimiento en medicina y salud a los indígenas. Médico y paciente no solo se hablarán en el mismo dialecto, sino que se entenderán mejor.

No obstante, el quiere ir más allá: trabajar en educación y en programas de prevención y proyectos enfocados a ayudar a las poblaciones indígenas a mejorar su calidad de vida, sin tener que renunciar a su cultura.

La responsabilidad que recién le delegó la Caja apunta hacia ese fin. Aunque esto también implique renunciar, por ahora, a la práctica directa de la Medicina.

“Es que a uno lo preparan para el ejercicio directo de la parte biológica –la cura–. Sin embargo, uno es consciente de que con solo atender la parte biológica no se resuelve la situación de salud de las comunidades”, manifiesta.

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comentarios

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Sonia Marin 19:09 2/12/2012

La noticia mas hermosa que he leído hoy día,salvo el obstáculo que le puso el Colegio de Médicos,eso es algo increíble. Ahora viene la parte cultural,la que respeto pero no me deja muy convencida porqe si de algo necesitan nuestros indígenas es que reciban la medicina y mas viniendo d uno de ellos.Alabo a este joven que sin apoyo económico como tantos vagos que van a la U privada a perder tiempo y dinero,no valorar lo q tienen.No me queda mas que felicitarle a El y su pueblo y adelante los demas

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Ivan rivero gonzalez 16:38 2/12/2012

Esta historia del Dr Mena , nos muestra que en la vida hay que luchar por sus ideales , da verguenza como costarricenses que los costarricenses indigenas no tengan opciones de apoyo para formarse y tener mejores condiciones de desarrrollo humano , Cuba nos dio una leccion de lo que es la democracia y ademas la mesquinda del Colegio de Medicos que en vez de preocuparse por entrabar a los medicos graduados en Cuba se debiera preocupar por su incorporacion .

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John Saintmary 15:53 2/12/2012

Es una verguenza que la UCR, que todos pagamos con los impuestos, no tenga asignada una beca para los indigenas que desean estudiar medicina u otras carreras de mayor demanda. Lo del colegio de medicos es un verdadero acto de discriminacion. Felicidades Dr. Mena, es un ejemplo para todos.

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Aldo Rodas 15:07 2/12/2012

Esta historia es para enmarcarla. Es admirable cómo se esforzó para estudiar y cómo tuvo que luchar estoicamente contra el desprecio y la selectividad de los miembros del Colegio de Médicos de C. Rica. Por otro lado, me da suma vergüenza que un país "democrático" no le dé posibilidad a un indígena de graduarse en esta profesión, mientras tanto Cuba, nos da un verdadero ejemplo de democratización educativa e igualdad de derechos.

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Carlos Enrique Mora Biasetti 14:22 2/12/2012

Es de bien nacidos ser agradecidos. Gracias Cuba por darle oportunidad a los más olvidados del país más feliz del mundo.

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