Arte

Marco y los colores de la noche

Marco Chía El artista presenta la exposición ‘Nocturnos’, con óleos irónicos y abstractos

Calificación:          

Víctor Hurtado Oviedo vhurtado@nacion.com 12:00 a.m. 02/12/2012

A Marco Chía le gusta espiar a sus personajes, y ¿qué mejor que pintarse también en los cuadros?; pero él es discreto: no les habla; los alegres comensales no lo ven y siguen en su delirio de campanadas de medianoche –las campanas que doblan son las botellas–. “Estoy aquí, a la derecha”, precisa Marco y señala el óleo La penúltima escena, donde los bohemios aparecen en planos superpuestos, cada uno trazado con técnicas distintas. No posan: viven.

Imagenes/Fotos

Ese óleo es parte del total de 26 cuadros que Marco Chía expone en la Alianza Francesa del barrio Amón. La muestra se llama Nocturnos y se compone de obras figurativas y abstractas de diversas técnicas.

“Me encantan las paradojas de los bares, donde la gente se desinhibe y a la vez sobreactúa”, define el artista, quien comparte esos temas bailables con el pintor Rodolfo Stanley. Cual un Toulouse-Lautrec criollo, Marco traza los bocetos in situ, mientras la música gira como otro aire, más denso. Luego, en el taller, Chía traslada las escenas a los cuadros para que siga la fiesta.

Marco Chía expone así trabajos que se remontan diez años atrás, en los que él multiplicó senderos: cambiantes intereses que saltan desde la parodia histórica hasta las galaxias de gotas que evocan al pintor estadounidense Jackson Pollock.

Ironías. Chía frecuenta más el óleo que el acrílico pues el óleo le garantiza un naipe muy diverso de matices. Un ejemplo es French Quarter, titulado así porque este cuadro recordó, a un amigo del artista, escenas del barrio francés de Nueva Orleans. En El perreo, sobre pinceladas abstractas, una pareja baila un ritmo noctámbulo. Chía infunde movimiento a la plana quietud de las pinturas.

El cuadro más irónico, Punto de giro, parodia elementos de La rendición de Breda (1634), de Diego Velázquez, como la presencia de Ambrosio de Spinola, servidor del rey de España en sus intentos de dominar los Países Bajos.

Spinola extiende aquí una mano para recuperar inútilmente la llave de Breda, estampada ahora en una camiseta. Según Chía, Spinola pisa un mapa de América: todo, símbolo de los empeños del “primer mundo” en controlar al “tercero”.

Cerca, como en un recuadro de película, el óleo Créditos incluye los nombres de los personajes que viven en Punto de giro. Otro complemento es Cartográfico, obra abstracta que insinúa el mismo mapa de Punto de giro.

Marco Chía explica que los cuadros no siempre concretan sus ideas iniciales: “A veces dejo que la obra me lleve”, como en Dianas, pintura abstracta al óleo con aplicaciones de cera de abeja y caseína (derivado de la leche).

Gustos y disgustos. Chía trabaja a la vez en cuadros de motivos opuestos: una escena figurativa y una composición abstracta. “Esto me permite mover la paleta y aprovechar el tiempo y los materiales: no desperdicio un gramo de pintura”, detalla sonriendo.

Desde una pared nos mira, y es mirado, el Retrato de Satie, un amigo del pintor: líneas claras sobre fondos obscuros parecen el negativo coloreado de una foto.

Marco Chía admira al último Goya, el de los Caprichos, y a Velázquez, y recuerda el retrato del bufón Calabacillas, uno de los enanos de la corte a quien Velázquez pintó con insólito respeto. Chía reconoce también la influencia del expresionista austriaco Egon Schiele (1890-1918), sobre todo en los motivos bohemios y urbanos, y en los desnudos femeninos

Dos telas de pequeño formato cuelgan en medio de la galería: lienzos abstractos cubiertos con pintura industrial lanzada en gotas al estilo de Pollock. Los cuadros enseñan colores por ambos lados, y quizá de esto provenga su nombre: Bipolar.

¿Prevenciones? “Me declaro prewarholita. En los Estados Unidos, a partir de Andy Warhol, la pintura se volvió comercial”, opina el artista mientras cruza la sala, de la historia al presente, del dibujo al color, entre amigos diurnos y nocturnos.

La exposición se prolongará hasta los primeros días de enero.

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comentarios

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Andrés Fernández 12:04 4/12/2012

A pesar de una trayectoria regular de varios años en el ámbito de la plástica -porque el trabajo de Chía va más allá de la pintura-, a mi juicio, el trabajo de Marco no ha sido valorado aún como realmente se merece ... hasta ahora. Tenía que ser la acertada visión de Víctor Hurtado la que sacara a relucir, al menos, esta muestra de su talento y de sus múltiples como interesantes encuentros, pintor de hallazgos, sorprendido siempre por cuanto le rodea y colorea su existencia.

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Jose Fabio Porras Garita 11:14 3/12/2012

volado...! :)

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Heily Gonzalez Oviedo 11:20 2/12/2012

Excelente Chia

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Dibujo, pintura, foto y video

Marco Chía Rodríguez (1970) comenzó estas aventuras dibujando ya antes de egresar del Conservatorio de Castella en 1986. “Después fui descubriendo la pintura”, recuerda. Marco es bachiller de la Escuela de Artes Plásticas por la Universidad Nacional con especialidad en Pintura.

Él distingue tres vertientes en su obra: el desnudo, las reflexiones sociales de carácter crítico, y la irónica y festiva de Nocturnos. “Las tres vertientes tienden a mezclarse”, precisa y añade: “Me encuentro en el gran abanico que hay entre la pintura abstracta y el dibujo naturalista, y visito casi simultáneamente sus variantes”.

El artista ha ofrecido otras exposiciones individuales: Monumentos (1996, Museo Calderón Guardia), Entremeses (1999, Instituto Cultural de México), Maleficios (2005, Casa Cultural Amón del ITCR) y COECO Ceiba (2008, fotografía, Galería Amón).

Marco también estudió fotografía, diseño publicitario y video. Se desempeña como profesor de pintura y dibujo en universidades privadas.

Asimismo, Marco Chía se dedica a la creación audiovisual, con obras que ha exhibido en varios festivales extranjeros. Entre ellas figuran El triunfo del cerdo (1996, documental experimental), Ajedrez urbano (1997, ficción experimental), Los premios (2000, ficción experimental) y San Ofe de la Suiza (2001, ficción experimental).

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