EDITORIAL

Vía costarricense

El documento del grupo del expresidente Figueres se diferencia del anuncio inicial por la concreción, la renuncia a aspiraciones políticas inmediatas y la apertura

La apertura del “plan país” es encomiable mientras esté orientada por el arte de identificar los acuerdos posibles y no por el prurito de obtener improbables consensos

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12:00 a.m. 27/11/2012

El equipo de trabajo integrado en torno al expresidente José María Figueres para impulsar la iniciativa bautizada “Vía costarricense” presentó ayer su primer informe, con la promesa de añadir otros en los meses venideros. El documento se diferencia del anuncio inicial del “proyecto país” en tres aspectos fundamentales: la concreción, el distanciamiento de aspiraciones políticas inmediatas y la apertura.

En esta oportunidad, hay un planteamiento específico, estructurado en torno a siete iniciativas fundamentales: el fortalecimiento de los valores, la recuperación de la confianza, el protagonismo ciudadano como medio para revitalizar la democracia, la reorganización territorial, la independencia del petróleo en el plazo de 15 años, la explotación masiva de la energía solar y la adopción de un modelo de desarrollo apto para combatir el cambio climático.

Cada iniciativa se desglosa en acciones concretas y el planteamiento no renuncia a señalar posibles medios de ejecución. Los autores prometen nuevos planteamientos del mismo corte, pues visualizan la iniciativa como un proceso y no como una propuesta consumada con la primera entrega.

La segunda diferencia está en la decisión del exmandatario, sobrevenida entre el anuncio del “proyecto país” y la presentación del primer informe, de renunciar a la formalización de una precandidatura en el Partido Liberación Nacional. El distanciamiento de la política electoral insufla al proyecto una credibilidad difícil de conseguir mientras existieran dudas sobre su posible aplicación al diseño de una plataforma política para el eventual gobierno figuerista.

El exmandatario puede estar pensando en una candidaturaen el futuro y tiene derecho a hacerlo, pero la ausencia de aspiraciones inmediatas le abre la posibilidad de establecer alianzas con iniciativas similares e incrementa el poder de convocatoria del “proyecto país”. De allí se desprende, también, la tercera diferencia entre el anuncio inicial y el planteamiento de ayer. El documento declara la necesidad de construir esas alianzas y conseguir acuerdos básicos sobre los temas enunciados.

Existen inquietudes similares en otros sectores de la política y la sociedad civil. Hay, también, amplias coincidencias sobre la dificultad de resolver el estancamiento político por la acción legislativa cotidiana. La posibilidad de optar por un cambio más radical, mediante la convocatoria a una constituyente, suscita recelos que la hacen improbable.

La solución podría estar en el mecanismo del referéndum, como lo sugiere el documento. Bien planteada, la consulta popular podría convertirse en un impulso, desde fuera, para las instituciones políticas víctimas de parálisis. El referéndum propuesto por “Vía costarricense” se centra en la gobernabilidad y tendría, entre otros objetivos, la reforma del reglamento legislativo, un buen ejemplo de los problemas que se plantean como intratables desde dentro del aparato institucional.

El reglamento es objeto de discusión desde la época del bipartidismo. Sobrevive, como problema, merced a los intereses inmediatos de fuerzas políticas vigentes en cada momento. Cuando cualquiera de los dos partidos en liza a fines del siglo lograba la Presidencia, la reforma se le convertía en altísima prioridad, y el contrario asumía la tarea de impedir el cambio. En el contexto político complejo surgido del derrumbe del bipartidismo, la reforma se hace todavía más difícil.

Valga el ejemplo, además, para señalar la importancia de la discusión previa en busca de acuerdos. Ese diálogo constituye el momento clave y conlleva el riesgo de incorporar al proceso los prejuicios e intereses cuyo efecto paraliza la acción legislativa cotidiana. Grupos opuestos a reformar un reglamento útil para potenciar irracionalmente su capacidad opositora participarán en el diálogo con el fin de defender esas facultades, no para renunciar a ellas en provecho de la gobernabilidad.

La apertura del “plan país” es encomiable mientras esté orientada por el arte de identificar los acuerdos posibles y no por el prurito de obtener improbables consensos. Saber hasta dónde la participación de determinados grupos y la inclusión de ciertos temas es posible sin desnaturalizar o abandonar las iniciativas fundamentales es una fina ecuación política.

Tarde o temprano, los grupos dispuestos a coligarse en favor del “sí” deberán decidir cuáles acuerdos básicos son indispensables y valen lo necesario para justificar el alejamiento de sectores en desacuerdo y cuáles deben quedar en el tintero para no amenazar la unidad necesaria y suficiente.

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comentarios

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Will Schwartz 15:56 27/11/2012

La Nación olvida o hace caso omiso de que la propuesta viene viciada de origen, pues Figueres salió huyendo del país para no dar cuentas a los costarricenses de las interrogantes consecuencia de haber recibido dineros de Alcatel de manera supuestamente dudosa - algo que el país pedía que le aclarara, y para lo cual su respuesta fue poner pies en polvorosa y esperar en el extranjero a que amainara el temporal y prescribiera cualquier causa que pudiera haber surgido. ¡Qué mala memoria la de LN!

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Will Schwartz 13:42 27/11/2012

Un mensaje ocurrente con música de fondo. Lástima el mensajero y músico, que tiene demasiados anticuerpos. Una alucinante iniciativa así no debería ser propuesta por quien huyó del país mientras se calmaban las aguas de eventuales cuestionamientos, con tal de no dar cuentas de sus acciones y dejar que posibles o eventuales causas derivadas de alguna investigación (que no se dio), prescribieran, pues eso le quitó la credibilidad y hoy sus palabras sólo levantan sospechas. Debería darle vergüenza.

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Edgar Manuel chacon Lizano 10:13 27/11/2012

Lo que debe estar haciendo Figueres es redactar un proyecto para corregir el retroceso e injusticia social que significó su gobierno para los trabajadores en especial a los educadores.

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luismi arroyo gonzález 09:50 27/11/2012

La Vía Costarricense del señor Figueres es del pasado, viene con las mismas mañas del político de siempre: manipulador, calculador, afecto a vincular la política y el negocio personal. Además es totalmente personalista, pues es el señor Figueres quien da la cara y al resto de su equipo no se le conoce. Creo que el futuro está en Agenda Nacional y vale la pena que este períodico saque un editorial al respecto. Es increíble que ni siquiera se mencione esa otra propuesta en este editorial.

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Oscar Salas Moreno 08:20 27/11/2012

Esperaremos ahora un editorial sobre la Agenda Nación que fue presentada ayer y, también sobre la Proclama de Río Segundo, que por lo demás , se integran con personas sin cuestionamientos.

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