Felinos, juntos, Gerardo Arce y Galileo Galilei saltan y señalan un telescopio que apunta al cielo. Actor y personaje suplican a unos doctos profesores que miren por el telescopio para que vean las fases de Venus y los satélites de Júpiter: son reales, están allá; pero los sabios se niegan pues lo que verían no aparece en los libros de Aristóteles. Aristóteles se equivocó, pero al menos miraba antes al cielo.
Arce-Galileo chocan así contra el muro necio, nescio (no científico) de la tradición que postulaba el geocentrismo: la Tierra como centro del universo, y atrapada en esferas concéntricas, sólidas como el cristal, donde “vivían”, girando, el Sol y los planetas. Unos 400 años después, el científico italiano torna a visitar su gloria y su caída, en el Teatro de la Aduana, gracias a La vida de Galileo Galilei, del alemán Bertolt Brecht (1898-1956), drama que ofrece la Compañía Nacional de Teatro (CNT) bajo la dirección de Andrés Montero Oviedo.
Reto singular. Galileo reconstruye los hechos, aunque sesgados con intención política. Bertolt Brecht fue un autor “de tesis”, y en Galileo condena el dominio de los prejuicios religiosos y la resistencia que surge ante el avance de la ciencia.
“Galileo” es el actor Gerardo Arce, cuya maestría electriza la escena, y cuya voz tonante viaja con su propio eco. ¿Por qué aceptó encarnar a Galileo?: “Por la vigencia de la obra y porque es una oportunidad de hacer un gran papel que difícilmente se me hubiera presentado de no ser por este concurso”.
Gerardo Arce se refiere al Concurso Puesta en Escena, que convocó la CNT y que ganó la iniciativa de montar Galileo, presentada por Montero. La puesta incluye veinte actores más técnicos y personal de apoyo, una duración de dos horas y una vistosa escenografía.
¿Lanza desafíos el representar a Galileo? Arce contesta: “Muchos. Se requiere un actor maduro con manejo escénico. El tener afinidad con el pensamiento del autor me da motivos para enfrentar este desafío. Comparto su preocupación por servir a la especie humana, por defender el conocimiento”.
Para Arce, los científicos son también responsables del uso que otros dan a sus descubrimientos. “Debería haber normas que les impidan poner su talento al servicio de la destrucción de la especie humana”, sentencia.
Plástica e interpretación. ¿Por qué poner esta obra? Andrés Montero contesta: “Porque los principales conflictos planteados en ella exhiben una gran actualidad en la Costa Rica del oscurantismo religioso, del rechazo a la educación sexual, de las desigualdades sociales, de la intolerancia y de la corrupción”.
Montero alude a la oposición que las tesis de Galileo suscitó en las autoridades católicas de inicios del siglo XVII y a la condena que le impuso la Inquisición italiana: abjurar de su teoría astronómica.
¿Cuáles fueron los valores estéticos que el director encontró en Galileo?: “Hay dos aspectos esenciales: la plástica del espectáculo y la interpretación del texto. En el vestuario mantenemos una considerable fidelidad a la época de Galilei, con la estilización que Rolando Trejos logró magistralmente poniendo acentos de color según los diferentes grupos representados”.
”En el teatro, todo tiene significado. El escenario presenta formas circulares y semicirculares, y nos acerca a la idea del movimiento de los planetas y de la Tierra, evidente ante los ojos del espectador, pero invisible para las mentes retrógradas”, describe Montero y añade:
“El escenario muestra una estructura ‘inacabada’, como el conocimiento del ser humano. A la vez, se convierte en diferentes espacios, y el público debe entrar en la convención de que una gradería puede convertirse en Florencia, Roma y Venecia”.
Montero lleva 27 años en el teatro. Fue Mejor Actor Debutante en 1991. Por Sueño de una noche de verano obtuvo el Premio Nacional al Mejor Actor. Ha dirigido Los buenos días perdidos (de Antonio Gala), Muelle oeste (Bernard-Marie Koltès),(Miguel Morillo), Georges Dandin, o el marido engañado (Molière) y Adiós, candidato (Melvin Méndez), entre otras obras.
Ciencia responsable. Según Montero, los actores se aproximan a sus personajes a través de la conducta social con respecto a aquella época, no mediante la emoción o la psicología del personaje. “Eludimos llevar al público a la catarsis o a la enajenación, y lo invitamos a mantenerse en actitud crítica ante los hechos representados”, agrega.
“La obra nos exhorta también a pensar: ¿debemos aceptar la miseria económica como una condición necesaria para merecer el reino de los cielos, o debemos despertar nuestra razón y buscar la felicidad en esta tierra? Invitamos al público a no ‘emocionarse’, sino a enojarse”, sostiene Montero.
La versión utilizada es la segunda que Brecht hizo, luego de la Segunda Guerra Mundial, tras el Holocausto y la explosión de dos bombas atómicas.
“Todo eso llevó al autor a enfatizar en la responsabilidad de la ciencia para con el bienestar del ser humano, en contradicción con los hechos que demuestran que la ciencia está al servicio de los poderosos para ejercer el control político y militar”, manifiesta el director.
Ojalá que alguna institución grabe en video este logrado trabajo escénico. La obra se ofrece de jueves a sábado (7:30 p. m.) y los domingos (5 p. m.) hasta el domingo 2 de diciembre. Reservaciones: teléfono 2257-8305.