Un análisis necesario

Debemos desarrollar la capacidad de análisis y crítica para fortalecer la política

Calificación:          

Fernando Leal Filósofo profesor.fleal@gmail.com 12:00 a.m. 08/11/2012

En días de pesimismo y desconcierto social y político nos encontramos obligados a exigirnos una actitud analítica, valiente y combativa, que nuestros conciudadanos puedan valorar y hallar, si no del todo satisfactoria, al menos como un inicio esperanzador.

La maraña de problemas acuciantes que nos oprime resulta de tales proporciones y complejidades que fácilmente el ánimo se turba y termina por abandonar la búsqueda de soluciones.

Allí donde se supone la intervención de un grupo de personas capaces, que han aceptado un ministerio, una diputación, un magisterio judicial, porque se han considerado preparados para desempeñar esos cargos – lo cual significa resolver los problemas que se les presentan –, suelen aparecer el vacío de ideas, los despropósitos y los errores, si no la franca irresponsabilidad. Cuanto más certera la crítica y más serena y firme la reflexión, más obligados a cambiar se encontrarán los partidos políticos.

Esa serenidad y firmeza resultan indispensables en momentos en que la lucha política arrecia, y cuanto más cerca se encuentren los comicios electorales, más tenebroso se tornará el panorama: entonces, la realidad se ocultará bajo una pesada sombra de imágenes mediáticas, propaganda, engaños y llamados a las pasiones, más pesada que la que suele arrojarse día a día como excusa del desgobierno. Promesas, proclamas, recuerdos del glorioso pasado, todos estos recursos, de sobra conocidos, sobrenadan los millones que soportan las campañas.

Pero preguntémonos: ¿dónde se encuentran los hombres que, tal como tantos trabajadores resuelven los problemas que demandan diariamente sus oficios o profesiones, se reconozcan como capaces de lidiar con las tremendas dificultades que asedian a la Nación? No simplemente que ellos se autoproclamen los “elegidos”, sino que se les reconozca por sus méritos en la función política realizada, así como se requiere la experiencia cuando se trata de una solicitud de empleo.

Este juicio acerca del mejor candidato es difícil, puesto que a veces no solo quienes rodean a los presuntos líderes se equivocan, sino que, además, estos se desconocen a sí mismos y les ofusca y llena el anhelo de fama o fortuna, o la vanidad, la megalomanía y la torpeza, o todo junto.

Peor todavía, la propaganda los presenta rejuvenecidos, retocados, aureolados y así con el resto del equipo, incluidos los desconocidos candidatos a diputado.

Una de las ventajas de la democracia estriba en que la confrontación pública contribuye a calificar a los candidatos en contienda. Esto lo advertimos en los fuertes debates que se han celebrado recientemente en los Estados Unidos de Norteamérica. Pero allí las diferencias entre los partidos se demarcan muy bien, además de que, por lo general –no siempre–, los candidatos son personas de talento y carácter reconocidos. Por el contrario, en nuestro país las diferencias entre los partidos se diluyen, los candidatos no pasan de representar casi la misma medianía, el partido oficial desde hace años perdió todo rumbo aceptable y la oposición ofrece un desorden y debilidad patéticos.

No obstante y por lo mismo, se nos exige un análisis persistente, si deseamos realmente aliviar nuestros problemas, preservar nuestra democracia y mejorar nuestra cultura.

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