Al inicio de la Revolución Industrial, allá por 1850, el carbón se convirtió en la fuente principal de energía, y todavía hoy es clave para proveer de energía a gigantes como Estados Unidos, China e India. El precio actual del carbón, calculado en unidades en barriles equivalentes de petróleo, es de $24 por BEP (Una tonelada de carbón mineral equivale a cinco BEP, según la metodología de conversión de unidades de OLADE. PLATTS para 2011 presenta un promedio de 120 US$ por tonelada de carbón).
Un siglo después, otro combustible fósil le compitió con fuerza: el petróleo y sus derivados líquidos como el diésel y la gasolina. Hace varios años que el petróleo roza los $95 por barril.
Luego, en las últimas décadas se popularizó el gas como combustible y fuente energética para hogares y fábricas. Opciones como el “liquified petroleum gas”, popularmente conocido como LPG, se usa en Costa Rica para cocinar y en algunos pocos automóviles y buses. Pero este gas es un combustible fósil derivado del petróleo.
Gas natural a escala mundial. En los últimos años incursionó en el mercado el “liquified natural gas” (LNG) o en español “gas natural licuado” (GNL) y el mundo parece vuelto loco por este recurso. Este gas natural es un hidrocarburo liviano que a veces aparece a la par del petróleo o el carbón, pero muchas veces se encuentra solo.
Varios elementos han popularizado el gas natural: se encuentra en grandes cantidades en países como Estados Unidos (con reservas hasta para 200 años), Catar y Trinidad; su precio no sube a la par del de los combustibles fósiles; es menos contaminante que los otros combustibles fósiles y baja los costos de operación de vehículos y fábricas. Su precio en barriles equivalentes de petróleo es de $25 (20 de octubre 2012, mercado Chicago Stock Exchange).
En Costa Rica, hay razones de peso para optar por el gas natural licuado. Hemos calculado que sustituir el búnker y el diésel usado por las plantas de Moín y Garabito del ICE implicaría una reducción de más de 2 millones de toneladas de CO2 anuales y una reducción de la factura petrolera de 35 millones de dólares anuales.
Además, permitiría bajar la contaminación en el aire, especialmente en zonas con sector industrial que utiliza búnker para operar como en la Uruca y Belén.
¿Importar o extraer? La gran pregunta es ¿qué nos conviene más: importar el gas natural o extraerlo del subsuelo?
Yo no veo la extracción como la mejor opción en el corto ni en el mediano plazo por tres razones: Primero, la ley de hidrocarburos vigente estipula que las regalías son tan solo del 15% y eso se quedó corto en el mundo de hoy, y solo puede ser modificado por ley. Segundo, el MINAET no cuenta con el equipo técnico y profesional debidamente capacitado para supervisar esa actividad, y una reorganización institucional tomaría al menos un par de años. Y tercero, carecemos de experiencia en la normativa ambiental relevante para la explotación de pozos de gas y el proceso de normar y tener capacidad de control en el campo no es corto ni sencillo.
Por todo ello, pienso que nos conviene importar el producto ya para usar gas natural lo más pronto posible. Simultáneamente, podemos examinar la opción de extracción, con toda calma, sopesando tanto sus costos como sus beneficios.
Otra gran razón para apoyar la estrategia de importación, a corto y mediano plazo, es la diferencia entre $95 que cuesta hoy el petróleo por barril y $25 que cuesta un BEP de gas natural, dando un saldo de $70, que es una diferencia sustancial y competitiva a favor del gas natural. Además, se reducirían las emisiones con respecto a las opciones existentes y en una buena transición hacia combustibles más limpios.
Eventualmente, si en el futuro explotamos nuestro subsuelo, podríamos bajar incluso el costo de esos $25 por el BEP de gas natural, pero mientras tanto no debemos perder tiempo valioso en espera de encontrar el gas. Tampoco sabemos si el que existe en nuestro subsuelo es de calidad y cantidad comercializable. Además, carecemos actualmente de la normativa y las instituciones para aprovechar al máximo una actividad extractiva que, valga recordar, no cuenta con mucha popularidad en nuestro país y conviene dar los primeros pasos en la transición a combustibles menos contaminantes.