Ahora que Obama fue reelegido presidente de los Estados Unidos, proliferan las teorías para explicar su gane. Que la economía mejoró en los últimos meses; que Romney fue un mal candidato; que Obama tenía mejor organización electoral. En fin, pululan los sabios del día después que, faltaba más, ya sabían lo que iba a suceder. Uno de los artículos más inteligentes que he leído al respecto es el de Robert Samuelson del Washington Post. La semana pasada publicó una pieza resumiendo dos teorías: lo que se diría si Obama ganaba y lo que se diría si Romney era el triunfador. Taco a taco. Una fina ironía a las teorías prefabricadas.
No sabemos todavía por qué ganó Obama, pero sí que su ajustado triunfo (esperable dado el bipartidismo en EE. UU.) fue una dura derrota para el Partido Republicano opositor. Hace un año se propusieron hacer mesa gallega: sacar a Obama del poder, ampliar la mayoría republicana en el Congreso y arrebatar a los demócratas el control del Senado. Se quedaron con un palmo de narices: lograron retener la mayoría en el Congreso, objetivo mínimo, pero perdieron el Senado y la Presidencia. Obama ganó por los pelos pero ganó.
Los republicanos tendrán que entrarle duro a la pensadera. ¿Por qué no lograron desbancar a un presidente que traía a cuestas una gestión económica decepcionante y que, por añadidura, es negro? Cierto, el Partido cargaba con una pesada lápida: ocho años de una gestión desastrosa de Bush que nadie ha olvidado. Legó un abultado déficit fiscal, una crisis económica, fue manirroto con el presupuesto e hizo el cachete a los más ricos. Habían perdido credibilidad como abanderados del orden fiscal y el gobierno pequeño.
La apuesta de los republicanos por imponer un cambio de rumbo al país sobre la base de posiciones recalcitrantes y extremas fracasó, justo cuando tenían las condiciones propicias para asaltar el poder. Este partido es hoy la coalición de los rabiosos, una combinación de conservadores sociales ultramontanos, elitistas económicos desvergonzados (para los cuales los poderosos son unos merecidos) y zelotes libertarios que quieren desguazar el Estado de bienestar, todo basado en un electorado de blancos de edad madura, temerosos del creciente rostro multicolor de los Estados Unidos. Veremos qué pasa con la introspección que deben hacer, ojalá recapaciten. Ojalá el Gran Grand Ole Party (GOP) se libere de los tentáculos extremistas.
El segundo mandato de Obama se desarrollará en condiciones muy difíciles: un gobierno dividido, una sociedad partida y un ambiente internacional incierto. No sabemos cuál será su legado, pero sí que no será el presidente efímero que la derecha quiso sepultar en la historia.