No me gusta como juega la Selección de futbol, porque el plantel tico está amarrado a un rígido sistema táctico, que le da poca libertad de movimientos en la cancha.
Sin embargo, debo reconocer que es efectivo para los intereses de seguir con vida en la eliminatoria mundialista a Brasil 2014 y para sacar puntos en campos difíciles y hostiles que, en el pasado, le causaron más de un dolor de cabeza, como es la sede salvadoreña.
Por intentar jugar bonito, muchas veces nos descuidamos atrás y lo pagamos caro. Con solo revisar los vídeos de la fallida ruta a Sudáfrica 2010, se ratificará la forma triste en el que los rivales nos mataban en contragolpes, ya que veían cómo nos íbamos alegremente al ataque y podían hallar fácil un desequilibrio en la Sele.
No comparto el criterio de quienes piensan en las redes sociales y programas deportivos, de que es la hora de cambiar a quienes integran el banquillo de la Tricolor, cuando faltan menos de cuatro meses para comenzar la hexagonal final de la Concacaf.
Jorge Luis Pinto debe seguir el proceso. Destituirlo en este instante sería un suicidio. De un plumazo, se botaría a la basura todo los ensayos hechos en más de un año al frente del equipo patrio y le daría ventajas a los adversarios.
No olvidar que México registra más de tres años con José Manuel Chepo de la Torre. Un período parecido poseen Julio César Dely Valdez en Panamá, Luis Fernando Suárez en Honduras y Jurgen Klinsmann en Estados Unidos.
Análisis serio. No improvisemos una vez más en medio de la eliminatoria, como ha sido la tónica de la mayoría de los procesos ticos.
No siempre un cambio de timón dio los resultados esperados al dirigente. Si repasamos la historia, veremos que el margen positivo es corto: solo se alcanzaron tres boletos en 14 eliminatorias.
Esta opinión se escribió antes de conocer anoche cuáles equipos pelearán los tres cupos directos y el repechaje contra el campeón de Oceanía. Si cerró o no bien las últimas dos fechas, se impone en la Sele un análisis serio para afrontar la recta final del Premundial.
Evaluar con criterio en qué se acertó y en qué no, definir un cuadro base, a los legionarios que valen la pena convocar y una lista de 40 jugadores con capacidad probada para rendir internacionalmente, con el fin de afrontar las 10 fechas de la hexagonal, los amistosos y la Copa Uncaf de enero.
Es decir armar un equipo competitivo para rendir en el Estadio Nacional, que debe ser la casa permanente de la Selección, como lo es Wembley para los ingleses y el Azteca para el Tri. Jugar en el Saprissa ya no marca una diferencia; sí lo hizo cuando una anterior generación daba esa garantía.
Pinto y su cuerpo técnico deben terminar lo que empezaron. No es la hora de cambiar.