Tinta Fresca

Kony 2012: ¿Qué aprendimos?

No mucho pareciera, no mucho.

Diego Delfino

ddelfino@nacion.com | revistadominical@nacion.com

Publicado el 10 de junio del 2012

Conmovido por el corto de 30 minutos y emocionado por el poder de la web como escuadrón sin fronteras, me vi presa del más inocente entusiasmo, ese propio de los niños que creen a ojos cerrados en la infinita bondad del ser humano. Cierto es que todavía no estaba firmando cheques ni encaramándome camisetas, pero me extasiaba la posibilidad de que un esfuerzo específico a partir de un viral arrojara resultados reales, palpables, concretos: positivos.

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Ilustración de  Daniel Solano

¿Cómo no? Cualquiera querría ver arrestado a un criminal de guerra fugitivo de la Corte Penal Internacional y acusado de crímenes contra la humanidad dentro de los cuales destacaban incontables violaciones y abusos en contra de miles de menores de edad. Desde Bill Gates hasta Rihanna y desde George Clooney hasta Bono, quien pidió un Óscar para Jason Russell, el director de Kony 2012. Todos deseábamos ver a Joseph Kony tras las rejas.

Así, en cuestión de horas, el video había sido visto por “media humanidad”. Pero ni el todopoderoso U2 pudo contra las fuerzas del cinismo, la apatía y la desconfianza. Par de días después las críticas destruyeron el documental, acabaron con su momentum y llevaron a Russell al borde de la locura: terminó corriendo en pelotas por las calles de San Diego. ¡Posaste con una bazooka, tu causa no vale nada!

La iniciativa dejó entonces de ser cool y resultó mucho más chiva para los intelectuales del Facebook ridiculizar a los chicos de colegio porque “ayer no tenían ni idea de dónde estaba Uganda y hoy quieren salvar el mundo”. Claro, porque seguro todos ellos pueden nombrar todas las capitales de África sin tomar aire... ¿Acaso no debería entusiasmarnos que los muchachos aprendan? ¿No debería ser oportuno que de vez en cuando algo les inquiete el cerebro?

La experiencia fue amarga. En medio de la batalla digital, imperó le ceguera mental: pocos fueron capaces de encontrar valor en el ejercicio oportuno de la visibilización y discusión del tema, la mayoría optó por caer en lo que criticaba, dedicándose a simplificar y destruir, hasta que, como era de esperar, Kony fue sepultado y murió el trending topic. Así, un mes después, solo el 2% de críticos y defensores se tomaron el trabajo de ver Beyond Famous, la segunda parte del documental lanzada por Invisible Children en respuesta a las críticas.

Ya a nadie le importaba Kony. Y Kony, el de a de veras, por supuesto, sigue caminando en libertad.

Mientras tanto, cada vez que surge la oportunidad de discutir un nuevo tópico a fondo, la mayoría opta por la propuesta light: una imagen de chota, un ataque al Gobierno y si te vi no me acuerdo. Así, hasta que surja el siguiente tema polémico y otra vez podamos rehuir la discusión en medio de quejas y risas. Aplique, masajee suavemente y repita.

Sobre el autor

Diego Delfino diego@89decibeles.com

A los 9 años le regalaron una novela gráfica de TinTin y decidió ser periodista. Como no pudo ser estrella de rock n roll se casó con una. Es director de 89decibeles y editor de la revista Su Casa. Su canción favorita es Hey, de Pixies.

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