Actualmente, la situación económica en Grecia, Europa y el mundo es de gran incertidumbre y volatilidad. Hacer un análisis de esta situación nos lleva a inferir que lamentablemente, la crisis de éste país, no terminará con la elección que se aproxima, ya que no asegura la gobernabilidad del país heleno y plantea nuevamente la conveniencia o no de que Grecia abandone el euro.
Actualmente, la situación económica en Grecia, Europa y el mundo es de gran incertidumbre y volatilidad. Hacer un análisis de esta situación nos lleva a inferir que lamentablemente, la crisis de éste país, no terminará con la elección que se aproxima, ya que no asegura la gobernabilidad del país heleno y plantea nuevamente la conveniencia o no de que Grecia abandone el euro.
En marzo, después de la intervención del Banco Central Europeo, con un billón de euros, la eurozona se alejó del borde del abismo (Operación de Refinanciamiento a Largo Plazo), estabilizando así las condiciones de crédito en Europa, a la vez que Grecia completaba la reestructuración de su deuda externa. En el corto plazo se disminuyó la probabilidad de una nueva crisis financiera global, a pesar de que la región europea continuaba enfrentando desafíos importantes.
Los resultados de la elección del 6 de mayo en Grecia condujo a la imposibilidad de formar una coalición para controlar la mayoría del Parlamento. Una segunda votación se celebrará el 17 de junio. Las encuestas recientes muestran a dos partidos luchando por el primer lugar: Syriza, con su promesa irrealista, pero popular de mantener al país en el euro, renegociando radicalmente el programa de rescate y, por otro lado, la ND que busca posicionarse como la única alternativa creíble para evitar una salida del euro.
Varios escenarios se visualizan ante los comicios de junio. Es posible que una vez más ningún partido alcance la mayoría y se mantenga el estancamiento político. Alternativamente, si Syriza gana y es capaz de formar un gobierno, el grupo oficial de acreedores (conocida como la “Troika”) podría reducir el apoyo a Grecia. En cualquiera de estas dos situaciones, se agotarían los euros en Grecia producto de la salida de capital y aversión a la inversión en este país. El Banco Central Europeo, junto con los responsables políticos de la eurozona, podría decidir reducir el apoyo de liquidez a los bancos griegos, forzando al país a quedar fuera del euro.
Por su parte, un triunfo y formación de Gobierno por el ND, tampoco pone fin a esta historia como muchos creen. Alguna renegociación del paquete de austeridad podría ocurrir, y tal vez una salida del euro se podría evitar durante un tiempo, pero la situación económica de Grecia es sumamente compleja y esto es difícil de cambiar en el corto plazo, independientemente de quién gane la elección.
Mientras el mundo espera la elección del 17 de junio, las condiciones económicas en Grecia se deterioran, así lo demuestran informes recientes, los cuales indican que los ingresos fiscales están cayendo. Más preocupante aún resulta, en la semana posterior al voto del 6 de mayo, ante el temor que los ahorros se convertirán en una nueva moneda, los depositantes retiraron alrededor de 700 millones de euros de los bancos locales por día. Hasta ahora, una corrida bancaria propiamente dicha se ha evitado, pero el desorden político podría desencadenarla.
El gran riesgo de que Grecia salga de la Unión y se propicie una corrida bancaria en este país, podría extenderse a otros países periféricos, como un foco de contagio.
Una de las preocupaciones es que Italia y España pierdan el acceso al mercado, estas economías, por su tamaño, son “insalvables”. Un importante canal de contagio es el sector bancario, que ya es frágil en Europa, en particular, en España (como lo demuestra la recién intervención de Bankia). El riesgo de una desintegración mayor posterior a una salida griega es real. Los líderes y pueblos europeos tendrán que decidir si están dispuestos a tomar las medidas para profundizar la unión monetaria.
Pero incluso si el euro sobrevive, la dinámica después de una salida griega afectará el crecimiento en la eurozona a medida que aumenta la incertidumbre, las condiciones financieras se deterioran, y se desploma la confianza del consumidor y los negocios.
¿Cómo afecta al resto del mundo? Ante un análisis de la situación económica y política de Grecia es importante valorar las posibles implicaciones en otras latitudes.
Si no hay ningún contagio a otros países de la región, y solo Grecia sale de la eurozona, es probable que los mercados experimenten algún estrés financiero y una contracción del crédito pequeño, pero no una crisis bancaria ni financiera. Por lo tanto, el crecimiento mundial se reduciría, aumentaría la aversión al riesgo, las monedas nacionales podrían perder valor frente al dólar dependiendo de las fortalezas nacionales y muy probablemente los precios mundiales bajarían, pero ninguno de esos movimientos sería demasiado dramático.
En un escenario más grave de ruptura de la eurozona, se podría presentar un contexto de crisis peor a la quiebra Lehman. Los países periféricos sería testigos de una enorme devaluación (cuál es el tipo de cambio al cual estaría dispuestos a mantener su dinero en dracmas, liras o pesetas). Además de las altas deudas que tienen estos países, los desajustes de monedas que surgirán entre deudas denominadas en euros e ingresos en monedas nacionales devaluadas, darán lugar a incumplimientos generalizados privados y soberanos (aparte de un gran sinnúmero de demandas legales que se sumarán a la incertidumbre generalizada del cumplimiento de contratos ya que el tratado del euro nunca consideró esta opción).
En otro contexto más crítico, se manifestaría mayor incertidumbre, propagándose rápidamente a lo largo de los mercados financieros mundiales globalizados, llevando a un nuevo colapso de la actividad económica, en particular del comercio mundial.
Entre los indicadores se tendría mayor oposición al riesgo, lo cual podría inducir a la fuga de capital en búsqueda de activos más seguros, como bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Asimismo, el financiamiento externo se haría más difícil, se presentaría una menor demanda de exportaciones y la mayor aversión al riesgo tendría un fuerte impacto en la demanda agregada interna de muchos países: en particular, la inversión privada. Estos factores podrían preceder a una posible recesión.
Los países que en los últimos años lograron reposicionar su situación fiscal y acumularon reservas, podrán implementar políticas contracíclicas. Pero otros países no podrán financiar una nueva ronda de aumento de los gastos públicos. Las tasas de interés internacionales ya están cerca de cero limitando el actuar de las políticas monetarias tradicionales. Como resultado, esta crisis podría ser más prolongada que la del 2008.
La amenaza de una insolvencia incontrolada de Grecia está a la vuelta de la esquina, es un espejo para nuestros países latinoamericanos. Respuestas tardías, insuficientes e ineficaces por parte de líderes de la eurozona han convertido la crisis griega, que representa menos del 2,5% del PIB de la eurozona, en una tormenta en los mercados financieros. Conviene insistir en la importancia de tomar medidas acordes a las situaciones y el momento oportuno, la política contracíclica post- crisis, involucra como parte de las medidas la contención de gasto corriente, apertura de espacios a la inversión pública productiva con un retorno social positivo, tales como carreteras, puertos, aeropuertos, educación, seguridad, entre otros; así como una reforma fiscal que integren un plan decisivo y factible en búsqueda de la estabilidad.
Dra. Laura Alfaro Maykall. Profesora, catedrática de Escuela de Negocios de Harvard