El acuerdo de ayer entre las bancadas de oposición y el oficialismo para “mejorar” y “acelerar” el plan fiscal, reveló fricciones y contradicciones en el Gobierno.
La negociación del jefe de Liberación Nacional (PLN), Luis Gerardo Villanueva, con los opositores para avanzar en el plan de impuestos fue más allá de lo que esperaba el ministro de la Presidencia, Carlos Ricardo Benavides.
El acuerdo de Villanueva con los opositores supone la apertura del oficialismo a cambiar temas de fondo del proyecto de impuestos, siempre que “no se comprometa lo negociado con grupos y sectores”, dijo el parlamentario.
La apertura del verdiblanco permite hacer cambios de fondo a la iniciativa que impulsa el Ejecutivo y que no están incluidas entre las 2.000 mociones pendientes.
Sin embargo, Benavides aclaró, mediante un correo electrónico enviado a La Nación, que el acuerdo con la oposición “es exclusivamente sobre las mociones pendientes de votación en plenario; es decir, sobre las 2.000 mociones que restan hoy de votar”.
Villanueva, consultado sobre la posición de Benavides, recalcó que el acuerdo con la oposición pretende agilizar el trámite del plan de impuestos y que en ello “no hay exclusividades”.
Además, manifestó que hay una apertura a cambios que no afecten el fondo del plan con el que el Gobierno pretende enmendar el agujero fiscal que tiene las cuentas del Estado en rojo.
Pero el titular de la Presidencia, encargado de las relaciones entre el Ejecutivo y el Congreso, afirmó que el acuerdo “no es sobre ‘cambios’ para mejorar el plan en forma abierta. Solo serán consideradas las mociones que están presentadas. Con los diputados que no tienen mociones no podemos sentarnos a hacer valoraciones”, agregó en su correo.
De momento, la oposición confía en la palabra de Villanueva y el acuerdo ya se puso en marcha, con la aprobación en primer debate de la ley antifumado.