La huelga, anteayer, de los dirigentes sindicales en algunas instituciones públicas y en el magisterio nos dejó dos clarificaciones gremiales: el concepto de gobierno y de trabajador.
En cuanto al gobierno, el exdiputado José Merino sentenció: “Esta mafia que desde el poder está robándonos el derecho a una vida mejor, está robando a su país y está tratando de aplastar las conquistas laborales y sociales de la clase trabajadora”. El capo de esta mafia, según Merino, sería la presidenta de la República. No recuerdo un trato parecido en boca de algún costarricense contra el gobierno o los gobernantes de nuestro país, pero no por ello Merino merece el calificativo de incoherente o desleal. Por el contrario, como fervoroso seguidor y defensor de Hugo Chávez, actúa con lógica impecable.
Sería interesante saber si los dirigentes de los educadores y de otros gremios avalan las palabras de Merino, que le ha sacado buen provecho, por cierto, a la ventaja de medrar y nutrirse en el convivio de una democracia como la nuestra.
Se parlotea, en estas ocasiones, asimismo, sobre “la clase trabajadora”, pero no se distingue entre los trabajadores en general y los dirigentes sindicales, y tampoco entre los trabajadores del sector público y los del sector privado. Los gremios, de la mano de ciertos políticos, han monopolizado el tema de los trabajadores y de la justicia social, y hasta gimotean por el estado de pobreza de un grueso sector de los costarricenses. La verdad, sin embargo, como en política, es otra. La capacidad de simulación del ser humano es infinita.
Un ejemplo es suficiente: las incapacidades, un derecho sagrado de los asegurados, convertido, contra toda moral y ley, en explotación de la CCSS y de los contribuyentes, cuando las incapacidades no se justifican, cuando, como ha ocurrido, al subsidio de esta institución del 60% se agrega el 40% de parte del Estado patrono, un privilegio inexistente en la clase trabajadora del sector privado, y, peor, como ocurrió por años, cuando el subsidio se equipara al salario, con todos los beneficios anexos. La Procuraduría llamó la atención de la CCSS por esta gollería, pero se tardó 10 años en eliminarla. Los que ahora convocan a huelgas ¿dónde estaban?
El sistema de empleo público, con su pirámide de beneficios crecientes, tiene al Estado y a los contribuyentes por el pescuezo. Ahora los dirigentes sindicales se lanzan a la calle para incrementarlo con el chantaje de la huelga. El Estado ha sido tomado por asalto por los gremios y los grupos de presión. Nuestro horizonte próximo es, al parecer, una tragedia.