EDITORIAL

Alimentación escolar

El nuevo reglamento de las sodas instaladas en escuelas y colegios limita la oferta de alimentos cuyo consumo excesivo dañala salud

El hogar tiene una cuota de responsabilidad en la epidemia de sobrepeso y obesidad, pero reconocerlo no excluye la necesidad de impulsar mejores políticas públicas

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12:00 a.m. 10/02/2012

El 40% de niños costarricenses padece sobrepeso. De ellos, la mitad sufre obesidad. La hipertensión infantil es un mal de diagnóstico cada vez más frecuente y dejó de ser un padecimiento casi exclusivo de niños afectados por malformaciones congénitas. El abuso de calorías “vacías”, encontradas en ciertos refrescos, golosinas y comidas rápidas, se une al sedentarismo para explicar el fenómeno, propio de sociedades como la nuestra, insertas en la modernidad y beneficiarias de un significativo grado de desarrollo económico, aunque sea en términos relativos.

El costarricense tiene a su alcance alimentos que en el pasado fueron menos accesibles, y las exigencias de la vida moderna restringen las oportunidades de ejercitarse, especialmente al aire libre. Los entretenimientos electrónicos llenan el espacio destinado a la recreación. El país está en la encrucijada de un desarrollo suficiente para alterar los hábitos de conducta, pero insuficiente para construir la infraestructura requerida por el deporte y la sana recreación.

El hogar tiene una importante cuota de responsabilidad en las alarmantes estadísticas de sobrepeso y obesidad, pero reconocerla no excluye la necesidad de impulsar políticas públicas destinadas a mejorar los hábitos alimentarios. La educación nutricional es una de ellas, pero de poco sirve si a la hora del recreo, la soda escolar contradice en todo las lecciones aprendidas.

En aras de la coherencia, los ministerios de Educación Pública y Salud diseñaron un nuevo reglamento, aplicable a las sodas instaladas en escuelas y colegios. La normativa excluye alimentos y bebidas ricos en azúcares y grasas para estimular la ingesta de productos más saludables. La medida enfrenta la oposición de importantes sectores de la industria alimentaria, materializada en una demanda interpuesta ante la jurisdicción contencioso-administrativa.

Ninguno de los alimentos distribuidos hasta ahora en las sodas escolares es dañino en sí mismo. El daño lo produce el exceso. En eso llevan razón los demandantes. Las grasas y los azúcares, por lo demás, son necesarios para el crecimiento. La buena o mala nutrición son consecuencias de la ingesta de alimentos en determinadas cantidades y proporciones. En ese sentido, son producto de libérrimas decisiones del consumidor, a quien corresponde asumir las consecuencias.

Sin embargo, los mostradores de las sodas en escuelas y colegios atraen a un consumidor de características especiales, cuya inmadurez para la toma de decisiones justifica una tutela asignada primordialmente a los padres. Son ellos quienes determinan cuáles alimentos consumen sus hijos fuera del centro educativo, pero rara vez están presentes a la hora del recreo escolar. En ese horario, la tutela está en manos de las instituciones educativas, su personal y las políticas del Ministerio de Educación.

Confrontada con las estadísticas, la industria alimentaria reconoce el problema de salud y recomienda educar al consumidor. En el caso de los menores, no hay, ni podría haber, objeciones a la tutela familiar. Antes bien, voceros de la industria hacen hincapié en la necesidad de mejorarla, pero es imposible cumplir ese propósito en ausencia de los padres.

Al abogar contra los excesos y en favor de las buenas prácticas, la industria se une a la ciencia para reconocer la existencia de ambas. Si los padres no están presentes para frenar el exceso y estimular las conductas deseables, la decisión queda en manos de un consumidor voluble e inmaduro, momentáneamente alejado de la tutela familiar.

Los responsables de la salud y la educación no exigen la ingesta de determinados alimentos. Se limitan a definir la oferta disponible para el joven consumidor en los centros educativos. Corresponde a los padres decidir, fuera de la escuela, si sus hijos ingerirán otros alimentos y con cuánta frecuencia.

Países avanzados y democráticos de América, Europa y otras regiones del orbe, entre ellos España, Francia, Estados Unidos, Corea del Sur y Finlandia, adoptaron políticas similares. En América Latina, Costa Rica se suma a una lista que incluye a Brasil, Chile y México. Estamos, pues, a tiempo de hacerlo antes de enfrentar problemas tan agudos como los que motivaron el cambio en algunas de las naciones citadas.

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comentarios

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Alonso Alvarado Madrigal 21:15 10/2/2012

Felicito al gobierno por esta desición y desde mi perpectiva es ilogico oponerse a algo tan simple y es que los estudios demuestran que ha mejor alimentación mejor concentración por lo tanto mejores notas, por otro lado como sociedad debemos cuidar a nuestra población mas susceptible como la infantil incapaz de tomar las desiciones más adecuadas. En buena hora, sin bien es cierto no con esto esta solucionado la obesidad, y los problemas de corazón es un avance.

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Fyodor Aadrianov Castro 19:14 10/2/2012

El editorial es bueno. Pero por aquí hay un ultra-conservador misógino, un libertario que predica la bondad de los curas y mercaderes en los templos y escuelas (no en ese orden, necesariamente.) Para él la iglesia y los empresarios tienen derecho de imponer sus ideas e intereses sobre otros. Incluso aprovecharse de los niños. Pero el gobierno no puede intervenir. Ahí es donde su ideología perdió la chaqueta. Como en el anuncio de Guevara, anda en calzoncillos por media calle...

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Mario Bastos Garro 15:49 10/2/2012

La empresa privada no puede alegar libertad. Si el producto es malo, se prohibe y punto. Es facil fabricar mal; fabriquen con fórmulas adecuadas y saludables, no sean mediocres señores Industriales. Está prohibida la venta de licores y cigarrillos a los menores de edad, lo mismo se hace con alimentos dañinos. El Estado regula con las potestades que le otorga la Constitución en la Salud Pública. Las empresas deben responder a los postulados establecidos; No podemos estar a capricho comercial.

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Sergio Bogantes 12:55 10/2/2012

J:No creo que algun padre responsable se siente a fumar un cigarro mientras su hijo/a de 7 anios respira su nube de humo solo para levantar el estandarte de que es libre de fumar.Quiza este texto (abajo) le permita un espacio visual mas amplio con respecto al tema. Si no es asi de verdad lo siento mucho... Lamento lo de la sinapsis, toda idea, aunque sea de contenido irracional requiere sinapsis. Vaya con bien! http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/270/27018888002.pdf

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Sergio Bogantes 12:54 10/2/2012

Don Edwin, este sera mi ultimo comentario al tema, y de verdad aunque no la comparto respeto su derecho a tener una opinion. Alguien sabio una ves me dijo que los placeres dejan de serlo cuando se convierten en excesos. Claro que todos tenemos derecho a la libertad de elegir que queremos, pero ese mismo derecho conlleva la responsabilidad de cuidar a quienes no pueden hacerlo.

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