Alajuela. Faltaba una hora para ingresar a su primera clase cuando ya estaba lista y desesperada por irse a la escuela.
Trajín del primer día lectivo.
Trajín del primer día lectivo.
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Lucía una impecable gabacha que le regaló un vecino, unas medias dobladas porque le quedan muy grandes, y un pequeño bulto que en el pasado utilizó alguno de sus siete hermanos.
Desayunó cereal de chocolate que un allegado de su familia les llevó el domingo, y le pidió a su abuela, a quien ve como su mamá, que le pusiera unos pequeños aretes celestes y la peinara.
Su ilusión ni siquiera se borró al enterarse de que el salveque con la cara de Piolín que cargaba en la espalda, no tenía merienda, cuaderno ni lápiz.
Más bien, Yamileth, de cinco años de edad, no dejó de sonreír durante los diez minutos que tardó en llegar de su casa a la escuela Maurilio Soto Alfaro, en Montecillos, Alajuela.
“¡Corran! ¡Corran! Vamos a llegar tarde”, le decía la nueva alumna de preescolar a su abuela y a sus hermanos mientras caminaban hacia el centro educativo.
Pese a ser la más pequeña, por ratos tomó la delantera.
Su entusiasmo contagió a todos en la pequeña casa, en el barrio Copán, en Montecillos, desde que se despertaron a las 5:35 a. m.
A esa hora comenzó la fila para bañarse y para usar el mismo paño rosado. Cuando al octavo le tocó el turno, ya estaba empapado, y sin derecho a queja.
Estrujados. La niña y sus siete hermanos están a cargo de su abuela, Yamileth Arroyo Zamora, de 50 años, desde que el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) le otorgó la custodia.
El PANI le da un subsidio mensual para que atienda las incontables necesidades de sus nietos en crecimiento, pero la ayuda no impide que vivan estrujados.
En uno de los dos cuartos duermen Amanda, de 16 años, quien va para octavo en el liceo nocturno Miguel Obregón de Alajuela, y Andrea, de 13, que cursará sétimo año en el colegio Gregorio José Ramírez, en Montecillos.
En la parte superior del camarote, instalado en lo que fue el comedor, descansan Cristel (12) y Alejandra (9). Ambas deben ir a la escuela Holanda, de Alajuela, para recibir atención diferenciada.
El colchón de abajo es el que utilizan Miguel (11), Luis Diego (8) y José (7), todos matriculados en la escuela Maurilio Soto.
La cumiche tiene su propia cama, que le regaló una pariente.
La jovialidad de la pequeña Yamileth ayuda a a olvidar las dificultades que tuvieron para estudiar.
“Miguel tiene 11 años y apenas va para cuarto, y Luis Diego, de 8, va para primero. El retraso fue porque su mamá los inscribía en la escuela y a medio año no los mandaba más, entonces perdían el curso. Desde que los tengo, van todos los días a la escuela”, explicó la abuela.
Ella planchó y colgó los uniformes desde anteanoche, pues quiere motivarlos a estudiar. Las prendas están bien cuidadas, a pesar de que no todas son nuevas.
Yamileth, la pequeña, sí estrena, pero no solo la gabacha, sino también la oportunidad de forjar con el estudio una vida mejor.