Bilbao. EFE El Athletic Club alcanzado ayer la final de una Copa del Rey que no olvidará al Mirandés, el rival al que venció por un contundente 6-2, resultado que no empaña la espléndida trayectoria de un equipo de Segunda B que encadenó gesta tras gesta hasta acabar ganándose el cariño y la admiración de todo el planeta futbol.
Fue duro el despertar del sueño del conjunto burgalés, que todavía albergaba la esperanza de llegar hasta el final del camino pese a la derrota 1-2 en el partido de ida.
Pero tres goles, de Iker Muniain, Markel Susaeta y Jon Aurtenetxe, en apenas 22 minutos, cerraron rápido la poca incertidumbre que iba quedando.
En la segunda parte, Aitor Blanco recuperó el ánimo de los visitantes, pero Llorente apareció para concretar la goleada, Aitor Blanco acercó de nuevo a los suyos con el premio de un segundo gol en San Mamés, y César Caneda, en propia puerta, cerró el marcador de 6-2.
Los de Charly Pouso, que esta vez no pudieron sacarse nada de su ya afamada chistera, se encontraron con un Athletic especialmente serio en su manera de encarar el partido y poderoso, muy poderoso, en su juego con Marcelo Bielsa en el banquillo.
Sin duda el mejor aval del Athletic de cara a una final que, viendo como está de forma el equipo rojiblanco y Llorente, su delantero centro, en Bilbao desearían que se jugase dentro de unos días.
Pero no, será a finales de mayo, en fecha por determinar, el 20 o el 25, ante un rival que se conocerá hoy, cuando Barcelona reciba a Valencia en una serie empatada 1-1 luego de la ida, y con el Mirandés, el gran equipo de Anduva en esta Copa del Rey, en el recuerdo.