Alfabetización sanitaria

Educar parala salud es un retode las políticaspúblicas

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Yalena de la Cruz ODONTÓLOGA yalenadelacruz@yahoo.com 12:00 a.m. 06/02/2012

Muchas personas pueden saber leer y escribir, pero son analfabetas en materia sanitaria; es decir, carecen de conocimientos, competencias y habilidades que les permitan mantener una vida saludable. Educar para la salud es un reto de las políticas públicas para poder fomentar el bienestar y no contentarse con estadísticas de una alta esperanza de vida de baja calidad. El reto es transmitir conocimientos para cambiar hábitos, actitudes, conductas y prácticas poco saludables y hacer que cada persona asuma las decisiones que le permitan tener los mejores niveles de salud a lo largo de su vida.

Entre las múltiples áreas por educar se encuentran los patrones alimentarios, que abarcan aspectos como lavado de fruta (y manos), formas de cocinar para no hacer de la comida un “veneno” por el exceso de grasa o sal, o saber leer etiquetas (contenido calórico, porcentaje de grasa y otros, presencia de transgénicos y gluten), entre otros.

Si bien parece simple, lo cierto es que procurar buenos hábitos a veces choca contra ingratas realidades como las ventas ambulantes y sodas sin facilidades para lavado y secado de manos, el expendio de alimentos de dudosa confección (ventas de frutas y frituras en la calle, sin permiso del Ministerio de Salud que garantice su sanidad) y propaganda comercial que promueve la “comida chatarra”.

Los indicadores sanitarios evidencian que uno de nuestros principales problemas de morbi-mortalidad está ligado al binomio “mala comida + poco ejercicio” y es causa directa de hipertensión arterial, infartos, derrames, diabetes, obesidad.

Aparte de los problemas individuales, a nivel de seguridad social se dispara el gasto para atender las enfermedades de pacientes crónicos que, con buenos hábitos sanitarios, habrían podido evitar (o no agravar) su padecimiento.

Epidemia de obesidad. El problema no es exclusivo de Costa Rica. En Estados Unidos, el Surgeon-General declaró la obesidad como epidemia. En el documental “Super size me” (2004), Spurlock ingiere únicamente comida rápida (hamburguesas, papas, gaseosas) durante 30 días; al término, había aumentado 11,1 kg y alteró su química sanguínea; ¡tardó 14 meses para recuperar el peso ganado en un mes!

Mucho se ha intentado en esta guerra desigual contra quienes viven de vender veneno para ser consumido. Ningún esfuerzo es vano.

La Revista Americana de Salud Pública (AJPH) publicó un estudio realizado en el Hospital General de Massachusetts cuya cafetería estableció un código de colores para alimentos y bebidas: los más sanos, en verde; los de nivel intermedio, en amarillo; los altos en calorías y grasas saturadas, en rojo. Se explicó a los consumidores qué significaba cada color y a la hora de presentar la comida al público, las bebidas y comidas más saludables se colocaron en los sitios más visibles. Así se logró aumentar las ventas de productos saludables sin haber tenido que cambiar ni el precio ni la variedad de productos (El Mundo, 19-1-2012).

El economista inglés Arthur Pigou fue pionero de la “economía del bienestar” y propuso el gravamen de productos que tengan impacto negativo sobre la salud; el impuesto “pigouviano” corrige una externalidad toda vez que el precio de venta sin tal gravamen no refleja el costo de atención de los problemas sanitarios derivados de la ingesta del producto. Según este principio, varios países europeos gravan con severos impuestos la leche entera y sus derivados altos en grasas. En el mismo sentido, la revista Health Affairs da cuenta de la reciente propuesta de un grupo de científicos para que se tase con impuesto a las gaseosas y otras bebidas azucaradas por su correlación con la obesidad y otras enfermedades que representan un costoso problema de salud pública al promover la diabetes y el sobrepeso. Los defensores de esta práctica argumentan lo exitosa que ha sido la lucha contra el cigarrillo al tasarlo fuertemente (BBC Mundo, 18/01/2012).

Comida en sodas escolares. En nuestro país, en defensa de la salud pública de los niños y adolescentes, el ministro de Educación, Leonardo Garnier, ha exigido, para este ciclo lectivo, que las sodas escolares eliminen las comidas de alto contenido graso y calórico y fomenten hábitos de comida saludable.

Para ello –según ha informado la prensa– el INA capacitará a quienes administran las sodas para favorecer el éxito de la directriz ministerial.

Excelente decisión de la cual derivarán mejores niveles de calidad de vida y bienestar para estas generaciones y las siguientes, educadas ya por quienes fueron alfabetizados en materia de alimentación y pudieron crecer así en una sociedad promotora de salud.

Esperemos que el Gobierno sea firme en el respaldo al ministro Garnier en esta histórica y necesaria medida.

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