Los profesionales en BMX entrenan en las rampas del Festival Internacional de Deportes Extremos (FISE) mientras los jóvenes los observan incrédulos. Por primera vez tienen al frente a las estrellas que antes solo miraban por los monitores de sus computadoras.
Pero los adolescentes no solo son espectadores, ayer en las diferentes categorías demostraron que esto no es solo un hobbie sino una verdadera pasión y que el nivel costarricense crece cada año.
Mientras Rick Moseley salta y hace trucos espectaculares, a la orilla un sancarleño de 14 años prepara su bici para competir y se pone el casco sobre su cabello rubio rizado. Alejandro Araya tiene poco tiempo de practicar, apenas dos años, pero ya toda su vida gira alrededor de las rampas y los saltos.
“Me gustan la adrenalina y los trucos, puedo conocer gente y visitar muchos lugares, me apasioné gracias a unos amigos y ahí voy mejorando”, declaró Araya.
El sancarleño es uno de los ticos que compitió ayer en la categoría BMX Park Amateur. Los costarricenses luchaban por uno de los tres cupos para competir con las figuras internacionales.
Otro competidor fue Michael Cordero, de 16 años. Este joven ya tiene más experiencia y cuenta con patrocinador y hasta fue a Estados Unidos a concursar en bicicross.
“Yo con estas actividades espero que se le dé más prioridad a los deportes extremos, que no se le dé pelota solo al futbol. Así quizás la gente vea que uno no es un vago y también estudia”, afirmó Cordero.
Ambos jóvenes continúan sus estudios de colegio y aunque su sueño es convertirse en deportistas profesionales, también desean ingresar a la universidad.
El equipo para estos deportes no es barato. El ejemplo son las bicicletas de BMX que cuestan más de ¢500.000. Muchos jóvenes cuentan con el apoyo de sus padres, pero esto no es suficiente.
“Yo tengo que ahorrar mucho, hasta me pongo a vender frutas y otras cosas para comprar o reparar el equipo”, dijo Alejandro Araya.
Estos costarricenses aseguran que el desconocimiento y los estereotipos provocan que hasta la policía los trate como delincuentes.
“A veces uno está andando en el parque y llegan los policías y nos quitan la bici, no entienden que es un deporte y que además no tenemos otros lugares donde practicarlo”, criticó otro rider ramonense de 21 años, Francisco Matamoros.
El FISE busca fomentar los deportes extremos y todos los participantes ticos aseguran que son necesarias más competencias así que cambien la mentalidad de la sociedad que los criminaliza.