Tarrazú. Precisión y potencia.
Esas son las dos características que describen el primer tanto de la Liga ayer en Tarrazú.
El buen pie de Froylán Ledezma para ponerle el balón justo en la cabeza al defensor Giancarlo González fue el primer paso.
El segundo fue el tremendo salto que dio el zaguero para no tener rival en las alturas.
El guardameta Carlos Díaz solo siguió la pelota con la mirada.
Fue un buen gol para iluminar una tarde que no fue del todo brillante en cuanto a futbol.
Además, fue la llave para que los manudos abrieran el duelo.
Apenas transcurrían 12 minutos en el reloj del silbatero central Randall Poveda, por lo que desde temprano, Alajuelense pudo jugar con mucho más calma.
A menudo, la preocupación de un equipo necesitado de puntos, tal y como lo estaba la Liga (que tampoco es que ya está en terreno firme), es el arranque de cada juego.
Ese 0-0 que en cualquier momento puede convertirse en un marcador en contra y poner todo el plan de juego de cabeza y alborotar el nerviosismo en las piernas.
El gol le resolvió el asunto.
No solo porque la necesidad de empatar de su rival le generaría más espacios en la pequeña cancha de Tarrazú, sino porque esa misma presión le pasó la factura luego a un grupo cargado de jugadores que acumulan muy poca experiencia.
Ya el segundo gol, del mismo González, fue la estocada y casi que el borrador de cualquier ilusión local para remontar el marcador.
La roja. Más adelante, al 42’, hubo otra jugada que pesó en el transcurrir del juego. No así en la pizarra.
Es más, si Orión le hubiese sacado provecho y hubiese volcado el partido, sin duda sería la jugada más relevante del encuentro.
Esta fue la expulsión por roja directa del propio Ledezma.
Un hombre menos en el campo hizo que el mayor porcentaje de posesión de pelota cambiara de bando y favoreciera a Orión.
También cambiaron las ocasiones de gol en el segundo tiempo.