Corpulento, con pinta de gladiador, a cuatro minutos del último pitazo, el veterano Kurt Bernard logró hilvanar una puntada finísima, al mejor estilo de la alta costura.
El receptor del pase fue Joseph Centeno. Este, con un zurdazo bien colocado, alojó en los cordeles de Donny Grant un 2 a 2 sorpresivo.
Tal fue el resquicio que Limón halló para sorprender y arruinar, de paso, el anunciado festejo de la cofradía morada en el remozado escenario de San Juan de Tibás.
Lo cierto es que ayer tuvimos la grata ocasión de observar un partidazo con propuestas distintas.
Si bien el libreto de Alexandre Guimaraes insuflaba vocación ofensiva en el alma de sus pupilos, en el guion de Hernán Fernando Sosa también había pálpitos caribeños por tentar la red.
Solo 17 segundos habían transcurrido cuando Jorge Alejandro Castro sacudió el horizontal de Dexter Lewis.
Ese fue el primero de los tres remates que los locales pegaron en los postes de Lewis, ¡grande!, ayer.
No obstante, un pase filtrado de Michel Fredich puso a Mayron George en posición de gol. Ricardo Blanco le cometió falta y fue penal.
Cobró Andy Furtado. El arquero saprissista eligió su esquina derecha. Andy lo engañó al otro lado. Uno a cero, al minuto cuatro.
El duelo era intenso. Saprissa asediaba con todas sus municiones. A veces los postes, y en otras la agilidad de Dexter Lewis, impedían que los morados anidaran la esfera en el fondo de la cabaña.
Lo interesante del juego era que, pese a la jerarquía tibaseña, los auriverdes también realizaban incursiones peligrosas, como aquel mano a mano electrizante que el guardameta Donny Grant le ganó a Mayron George, al minuto 26.
Retorno de Jairo. Era tanto el dominio de Saprissa, que el estratega Guimaraes consideró necesario reforzar la línea de metralla.
Jairo Arrieta ingresó por José Mena. Y no más de entrada, Arrieta reeditó ante sus parciales sus ansias de gol. Se lanzó de palomita ante un centro de Jordan Smith. ¡Y volvió a la red!, al 47’. Trece minutos después, al 60’, fue Jorge Alejandro Castro quien volteó las cifras.
A media hora del final, un caleidoscopio de ida y vuelta se revolvía en tonalidades de morado intenso.
En las gradas, una multitud plena de identidad se alistaba para gritar victoria. El juego era entretenido y dinámico; muy bien conducido por el árbitro Henry Bejarano.
Entre tanto, lento pero fuerte, como una locomotora, Kurt Bernard, apenas se hacía sentir.
De súbito, el gladiador de ébano logró ligar con Joseph Centeno.
Puntada, trazo, disparo y red.
Dos a dos. La vieja jugada de pared, ¡funcionó otra vez!