Hay que decirlo: estos Harrison son unos personajes. Por eso, de seguro los ejecutivos de History Channel salivaron cuando, en el 2008, se toparon con este singular trío justo cuando su productora andaba en busca de “truequeros” que protagonizaran un reality show en una de las enormes casas de empeño de Las Vegas.
La abundancia de este tipo de negocios justo en la meca del dinero fácil es obvia: las tiendas o casas de empeño son tan viejas como la necesidad de conseguir plata rápido y sin mucho trámite.
El mecanismo es el mismo en cualquier parte: se tranza un artículo que tenga equis valor mercantil (en este caso, en gran parte por su antiguedad) por un monto que se negocia entre el cliente y los dueños. El cliente paga intereses mensuales y, si no lo hace, el negocio se queda con el artículo empeñado.
El caso es que los productores de History hallaron una verdadera mina de oro, en vista de que El precio de la historia se convertido en un rotundo éxito.
La idea surgió cuando Brent Montgomery y Colby Gaines, de la productora Leftfield Pictures, visitaron Las Vegas en el 2008 durante un fin de semana y se sorprendieron por la gran cantidad de casas de empeño que había. Con el ojo puesto en un proyecto televisivo, se dieron a la búsqueda de un negocio familiar, con personajes llamativos y fue así como dieron con Gold & Silver Pawn Shop, el negocio que los Harrison han manejado por décadas: son toda una leyenda.
La serie cayó de perlas para los intereses de History, que para entonces estaba con la idea de desarrollar programación familiar. Una especie de balance y contrapeso para la cargada temática militar característica de la cadena.
Con unos cuantos ajustes, incluida la participación de expertos traídos a la tienda con el fin de ayudar en la evaluación del precio o autenticidad de los artículos, el reality debutó en julio de 2009 en los Estados Unidos y un año más tarde se estrenó para Latinoamérica.
El resultado superó con creces las expectativas. Basta decir que en la actualidad El precio de la historia es la serie con mayor audiencia de History. En enero del año pasado un capítulo original fue visto por siete millones de espectadores, todo un récord de audiencia del canal. También en el 2011 fue el segundo show de realidad más visto, superado solo por Jersey Shore, de MTV, que atrajo 7.6 millones.
Imperativo es aclarar que la calidad y contenido de El precio de la fama no tiene base de comparación con Jersey Shore (este último con cero valor nutricional para el cerebro) y más bien, se puede decir que de algún modo redime el formato de los realities, ya veremos por qué.
Hagamos un trato
La serie sigue el día día de la tienda Gold & Silver Pawn Shop. A la cabeza del negocio está Richard Harrison acompañado de su hijo Rick Harrison. Corey Harrison, hijo de Rick es el potencial sucesor del clan y trabaja con ellos desde niño.
Entre lo más atrayente del show se encuentra la simpática interacción que existe entre los dueños de la tienda y los numerosos clientes que la visitan, deseosos todos de obtener una buena suma por sus a veces no tan valiosos objetos.
Los problemas y desacuerdos entre los protagonistas son parte del aderezo de cualquier reality show que se precie de serlo. Las discusiones versan primordialmente por la manera de operar la tienda y cuestionamientos sobre los malos negocios que en ocasiones efectúa Corey, como comprar un globo de aire caliente para 12 personas a un precio muy alto (la regla de oro es nunca pagar mucho) o un bote Chris Craft de 1984 sin antes haberlo probado (eso tampoco se hace, Corey).
Tesoros y tiliches
Aparte de las atractivas personalidades y los divertidos intercambios y regateos, las verdaderas estrellas son la cantidad y variedad de artículos que se transan en empeños o en ventas directas.
Si pensamos en las pantallas planas y los tiliches electrónicos que se venden en las casas de empeño locales, el asunto no parece muy interesante. Pero a diferencia de eso, y a pesar de que la joyería constituye el elemento principal de negociación en Gold & Silver Pawn Shop (para hacerle honor a su nombre) en la televisión lo que vemos es un desfile de objetos curiosos, vintage o en apariencia antiquísimos y de relativo valor histórico.
En este tome y daca la imaginación, como la necesidad de dinero en tiempos de crisis, no tiene límites. Puede ser una máquina de pinball que perteneció al grupo de rock KISS, un billete de $20 de 1914, o una Harley Davidson clásica de 1982. ¿Qué tal un antiguo cofre de tesoros que nadie puede abrir? ¿Tendrá adentro de verdad un tesoro? ¿O un arco de madera que no ha visto flecha en casi 40 años?
Las situaciones que se dan a partir de las negociaciones van de lo cómico a lo embarazoso y en ocasiones rayan en lo ridículo. Rick, por ejemplo, tuvo que atender a una mujer deseosa de venderle la colección completa de revistas Playboy de su esposo y a un joven que quería cambiar una pistola Blunderbuss de 1.750 por un anillo de compromiso.
Un gráfico en pantalla va mostrando cómo los precios cambian entre el pedido original del cliente y lo ofrecido por la tienda, hasta llegar a una negociación definitiva, que por regla general es siempre un monto menor al ofertado por el cliente. Business is business.
En algunos casos los artículos están tan deteriorados que requieren de restauración. Rick, por ejemplo, adquirió una máquina dispensadora de refrescos gaseosos de 1.950 que luego de ser prácticamente reconstruida, terminó valiendo varios miles de dólares más del precio pagado por la compra, incluido el costo de la restauración: ¡bingo!
También vemos clientes desilusionados por intentar negociar artículos que creían genuinos, y por los cuales pagaron altas sumas de dinero. Al final, para su sorpresa y enojo, resultaron ser muy buenas réplicas ¡sin valor comercial!.
Ese es el secreto de El precio de la fama. Es un show “adictivo” en donde el espectador se engancha de la posibilidad de fisgonear (característico de los shows de realidad) todas estas negociaciones y de paso conocer objetos de diversa índole, la historia detrás de ellos y todo esto de la mano de una familia con un apellido que está haciendo historia en el canal History. El espectador no gana, pero de que se goza, se goza.