Ayer don Braulio Carrillo, para abrir una comunicación con Limón, encargó a uno de los capitanes que llevaban nuestro café a Europa, pasando por el estrecho de Magallanes, 6 hachas con ese fin. Claro, su trillo apenas llegó hasta el cerro Zurquí. Puedo oír los festejos y las burlas de los del “partido de los no” por el fracasado sueño.
Don Tomás Guardia, en su calidad de dictador, fue más audaz y tuvo la idea de construir un ferrocarril a Limón. Como cualquier otro gobernante tico, tenía que empezar por pedir dinero prestado. En un viaje a Europa, conoció a un costarricense ilustre y económicamente poderoso y lo convenció, con un nombramiento de doble ministro: de Hacienda y de Guerra, para venir a Costa Rica.
Fue ese ilustre costarricense el encargado de negociar un empréstito para llevar a cabo el viejo e importante proyecto de un ferrocarril al Atlántico.
El ferrocarril se hizo realidad y, a la usanza de algunos ticos mezquinos, su mayor importancia la generó el chisme de que la comisión de ese empréstito se la había dejado el doble ministro de Hacienda y de Guerra, Manuel Alvarado. Luego quedó claro que la comisión la cobró el presidente Guardia, quien no tuvo escrúpulo para aceptarlo e informar a la Asamblea Legislativa, centavo a centavo, en qué la había gastado.
Pasaron los años y Costa Rica, ahora, anhelaba un ferrocarril al Pacífico. Fue el presidente Rafael Iglesias, mi pariente, el que se empeñó en llevar a cabo esa otra importante obra. Como era previsible, se topó con el “partido de los no”, los que a todo se oponen.
El presidente Iglesias, para construyir la vía férrea y a la vez callar los infames e injustos rumores, se empeñó en traer la primera locomotora y los rieles por tierra, por el monte de los Aguacates, jalados por bueyes, y hacer la construcción al revés, partiendo desde San José para terminar en Puntarenas.
Don José Joaquín Trejos se atrevió a hacer un camino rústico de Siquirres a Limón, por donde transitaron los primeros vehículos a ese importante puerto. Las críticas fueron un temporal diluviano. Su atrevimiento fue consolidado en las administraciones de José Figueres, Daniel Oduber y Rodrigo Carazo. Ninguno de los cuatro pudo cumplir los ideales de los ingenieros, pero con sentido común hicieron una obra proporcional a las finanzas de un Estado financieramente modesto. Lo cierto es, que a pesar del “partido de los no”, hoy ¡tenemos carretera a Limón!
En la última administración de don Pepe, contra viento y marea, se invirtieron ¢80 millones en maquinaria. Cientos de kilómetros de caminos de penetración fueron posibles. La Costa Rica rural se transformó. Don Pepe sabía de la necesidad y por eso hizo oídos sordos a los criticones de siempre, los del “no”. La pelea por mejorar nuestras carreteras siempre se ha dado, aunque se tuviera en contra a los ciudados del “no”.
Me brinco un montón de años y a muchos gobernantes atrevidos, para llegar a la carretera a Caldera. ¡Qué maravilla! Se siente uno en un país avanzado, con el deseo de que se construyan más y más carreteras de ese estándar o superior.
Para ello hay que ver el mañana, recordar el pasado, apoyar a los presidentes que gobiernan, como don Pepe y Óscar Arias, con la mente en el futuro, y a los del “no”, verlos con respeto, como se ven las fotos de algunos gobernantes que se conformaron con el título de presidente de la República, y nada más.