Nuestras carreteras

La falta de carreteras fue la principal preocupación de nuestros gobernantes de ayer y de hoy

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Carlos Manuel Vicente C. Exministro de Gobernación y exdiputado 12:00 a.m. 28/01/2012

Ayer don Braulio Carrillo, para abrir una comunicación con Limón, encargó a uno de los capitanes que llevaban nuestro café a Europa, pasando por el estrecho de Magallanes, 6 hachas con ese fin. Claro, su trillo apenas llegó hasta el cerro Zurquí. Puedo oír los festejos y las burlas de los del “partido de los no” por el fracasado sueño.

Don Tomás Guardia, en su calidad de dictador, fue más audaz y tuvo la idea de construir un ferrocarril a Limón. Como cualquier otro gobernante tico, tenía que empezar por pedir dinero prestado. En un viaje a Europa, conoció a un costarricense ilustre y económicamente poderoso y lo convenció, con un nombramiento de doble ministro: de Hacienda y de Guerra, para venir a Costa Rica.

Fue ese ilustre costarricense el encargado de negociar un empréstito para llevar a cabo el viejo e importante proyecto de un ferrocarril al Atlántico.

El ferrocarril se hizo realidad y, a la usanza de algunos ticos mezquinos, su mayor importancia la generó el chisme de que la comisión de ese empréstito se la había dejado el doble ministro de Hacienda y de Guerra, Manuel Alvarado. Luego quedó claro que la comisión la cobró el presidente Guardia, quien no tuvo escrúpulo para aceptarlo e informar a la Asamblea Legislativa, centavo a centavo, en qué la había gastado.

Pasaron los años y Costa Rica, ahora, anhelaba un ferrocarril al Pacífico. Fue el presidente Rafael Iglesias, mi pariente, el que se empeñó en llevar a cabo esa otra importante obra. Como era previsible, se topó con el “partido de los no”, los que a todo se oponen.

El presidente Iglesias, para construyir la vía férrea y a la vez callar los infames e injustos rumores, se empeñó en traer la primera locomotora y los rieles por tierra, por el monte de los Aguacates, jalados por bueyes, y hacer la construcción al revés, partiendo desde San José para terminar en Puntarenas.

Don José Joaquín Trejos se atrevió a hacer un camino rústico de Siquirres a Limón, por donde transitaron los primeros vehículos a ese importante puerto. Las críticas fueron un temporal diluviano. Su atrevimiento fue consolidado en las administraciones de José Figueres, Daniel Oduber y Rodrigo Carazo. Ninguno de los cuatro pudo cumplir los ideales de los ingenieros, pero con sentido común hicieron una obra proporcional a las finanzas de un Estado financieramente modesto. Lo cierto es, que a pesar del “partido de los no”, hoy ¡tenemos carretera a Limón!

En la última administración de don Pepe, contra viento y marea, se invirtieron ¢80 millones en maquinaria. Cientos de kilómetros de caminos de penetración fueron posibles. La Costa Rica rural se transformó. Don Pepe sabía de la necesidad y por eso hizo oídos sordos a los criticones de siempre, los del “no”. La pelea por mejorar nuestras carreteras siempre se ha dado, aunque se tuviera en contra a los ciudados del “no”.

Me brinco un montón de años y a muchos gobernantes atrevidos, para llegar a la carretera a Caldera. ¡Qué maravilla! Se siente uno en un país avanzado, con el deseo de que se construyan más y más carreteras de ese estándar o superior.

Para ello hay que ver el mañana, recordar el pasado, apoyar a los presidentes que gobiernan, como don Pepe y Óscar Arias, con la mente en el futuro, y a los del “no”, verlos con respeto, como se ven las fotos de algunos gobernantes que se conformaron con el título de presidente de la República, y nada más.

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Leonardo Solis 14:13 28/1/2012

Ahora, si resulta que oponerse una carretera mal hecha y cara, a una compañía que contamina el ambiente, oponerme a convenios turbios que favorecen los ingenios de los ricos de paso dañando el resto de la economía y sectores más vulnerables, que favorecen la llegada de las empresas extranjeras a costa de dañar las instituciones del Estado y todo ensuciado por políticos corruptos que piden mordidas para entrabar o dejar hacer...entonces soy del NO!.

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Leonardo Solis 14:13 28/1/2012

Don William, a quienes llama de NO?. Que no queremos carreteras?, que no queremos minería? Que no queremos la llegada de empresas extranjeras, acuerdos comerciales, competencia y ofertas atractivas?...eso es lo que usted supone?. Se equivoca y por mucho… Sueño con el día que entremos en un proceso de mejora continua, atrayendo empleos dignos, generando tecnología, con carreteras de primera línea, minería metálica bien llevada a cabo, trenes, tranvías, etc.

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German Eduardo Cascante Castillo 12:07 28/1/2012

¿Cuál es la propuesta de D. Carlos Manuel? ¿Es acaso que se acepte sin más que los gobernantes hagan "negocios" ("comisiones", "prebendas", enriquecimientos ilícitos, etc.) en beneficio personal, por las obras de progreso que realizan en el gobierno? Si así fuera, evidentemente estoy en contra; soy de los "indignados" del mundo; soy de los del "no", a mucho orgullo y mucha honra. Si quienes están en política quieren hacer "negocios", que no lo hagan con y desde el gobierno del país.

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William Salazar A 11:55 28/1/2012

Es difícil en este país se hagan las cosas si no es a veces casi que arrastradas y con errores, pero lo importante es que se hagan. En la administración anterior se completó la carretera a Caldera y los últimos 40 KM de la Costanera. La carretera a Caldera sirve hoy tanto para ir a Canoas y Golfito como a Liberia. Se hizo y punto. De ser por los del NO , estaríamos aún con ruta de bueyes a Puntarenas . Y apuesto se van a oponer al nuevo puerto de Limón junto con los del Sindicato de Japdeva.

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German Eduardo Cascante Castillo 11:38 28/1/2012

La honestidad en gobierno no está reñida con progreso; o, a la inversa, el progreso no necesariamente significa que haya de aceptarse actos de deshonestidad. Las obras de progreso (todas) se deben hacer con excelencia y con honestidad, sin que por ello se deba "entregar" al país o sin que sus ciudadanos deban renunciar a ejercer su soberanía y su derecho a pedir honradez, pulcritud, en el gobierno del Estado. El progreso no implica necesariamente deshonestidad ni son excluyentes. ¿Sí, o no?

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