Jorge Manuel Dengo Obregón falleció con las manos limpias. Así vivió, también, su fructífera existencia. Nunca estuvo lejos de la política. Los proyectos concebidos por su extraordinaria inteligencia no podrían haberse materializado de otra manera. Sin el servicio público, difícilmente habría alcanzado la grandeza reconocida por la Asamblea Legislativa en el 2007, cuando lo declaró Benemérito de la Patria.
Sin embargo, Dengo también engrandeció la función pública. Su ejemplo será siempre una respuesta al cinismo y la incredulidad enraizados en la sociedad moderna. La política perdió prestigio, pero la vida de Jorge Manuel Dengo desmiente la imposibilidad de reformarla. Su biografía más bien constituye una afirmación del valor de la vida pública. Gracias a la política hay Dengos, capaces de servir a sus semejantes y morir con las manos limpias.
Abundan, también, los ejemplos en contrario. Imposible negarlo. El propio Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), ideado por Dengo para mejorar la calidad de vida de los costarricenses, ha sido víctima de innobles depredadores. La obra, sin embargo, permanece, lo mismo que el ejemplo de su creador.
Las oportunidades de servir y ennoblecerse abundan en otras ramas del quehacer humano, pero ninguna florece sin la contribución de hombres y mujeres dispuestos a orientar la convivencia en sociedad. A eso dedicó su vida Jorge Manuel Dengo desde el feliz día de 1949, cuando expuso sus sueños a José Figueres Ferrer, presidente de la Junta Fundadora de la Segunda República y visionario por derecho propio.
En 1946, el joven ingeniero dirigió la construcción de una planta eléctrica en Carrillos de Poás por encargo de la Municipalidad de Heredia. Tres años más tarde, como director general del Ministerio de Fomento, ahora Ministerio de Obras Públicas y Transporte, consiguió el apoyo político necesario para fundar el ICE. Durante 11 años ocupó la gerencia de la nueva institución e impulsó la construcción de las grandes plantas hidroeléctricas de La Garita, Río Macho y Cachí.
Esa infraestructura y la institución misma constituyen una deuda de gratitud para Costa Rica entera, pero más importante que la obra material propiamente dicha es su repercusión en el desarrollo nacional. No es exagerado afirmar que la Costa Rica de hoy está marcada por la impronta benéfica de Jorge Manuel Dengo.
La labor de Dengo no se limitó al ICE y también se le acredita la fundación de la Comisión Nacional de Emergencias, en un primer momento llamada Oficina de Defensa Civil y constituida bajo su mando para enfrentar las calamidades causadas por las erupciones del volcán Irazú, en la década de 1960.
Su larga trayectoria comprende, también, la gerencia de Fertilizantes de Centroamérica (Fertica) y la vicepresidencia del Banco Centroamericano de Integración Económica, además de los servicios prestados a la formación de jóvenes profesionales, el Banco Interamericano de Desarrollo y la empresa privada, donde fungió como consultor. Fue director de Planificación Nacional, ministro de Comercio Exterior y, entre 1986 y 1990, ocupó la vicepresidencia de la República.
Todo eso lo consiguió el Benemérito mientras engrandecía la función pública con su limpia carrera de servicio público. Los tres días de duelo decretados por el Gobierno para honrar su memoria son ocasión propicia para reflexionar sobre su aporte y liderazgo en un país donde, con demasiada frecuencia, el cinismo toma las riendas y resta ímpetu a la juventud con vocación de servicio.
Costa Rica puede sentirse satisfecha de haberle hecho justicia a don Jorge Manuel. Lo honró con altos cargos y tomó la inusual decisión de otorgarle, en vida, la condición de benemérito. Su voz siempre se escuchó con respeto, fue una de las figuras más admiradas de nuestra vida pública y su partida deja un profundo dolor, compartido en cada rincón del país a cuyo servicio dedicó la vida, conservando siempre las manos limpias.