En Vela

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Julio Rodríguez envela@nacion.co.cr 12:00 a.m. 23/01/2012

No sé qué nos ha pasado: si hemos perdido la verguenza o hemos perdido la cabeza; es decir, si el nuestro es, desde hace años, un problema moral o uno mental. El último capítulo –no el final– de tanta pena acumulada, de tanto sonrojo y disparate, se llama ley de tránsito.

Pongámonos de acuerdo. No se trata de ingobernabilidad. Este es un término demasiado solemne. Se trata de verguenza, el último bastión, según los griegos, de la ética que, cuando viene a menos, todo amenaza ruina. El diccionario la define como “turbación del ánimo, que suele encender el color al rostro, ocasionada por alguna falta cometida o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena”. Muchos, casi legión, ya no se turban por alguna acción personal deshonrosa o vergonzosa. Por el contrario, todo lo justifican. La verguenza nos queda a los demás.

Nos regimos por una ley de tránsito vigente, por la anterior a la vigente y por una tercera ley in fieri o en potencia. De la primera solo quedan jirones, pues, elaborada y aprobada sin apego a la razón y a la realidad, la Sala Cuarta, con toda razón, la ha venido desgajando por desproporcionada y alocada. Así, poco a poco, la Sala Cuarta tiene que echar mano de la anterior, para no hundirnos en el vacío, lo que, al parecer, no ha entendido aún el MOPT, que culpa a dicho tribunal de sus propias fallas y de los entuertos de los diputados pasados.

A mitad del camino se halla la ley en estudio de una comisión legislativa, compuesta por todas las fracciones, trabajada con seriedad y responsabilidad, en la que todos ciframos nuestras esperanzas. Pero este proyecto, digno de un país civilizado, no avanza por la intolerancia de un diputado, basado en un reglamento interior legislativo infame, raíz de nuestras calamidades políticas, que le otorga poder de veto a cualquier legislador en cualquier pasaje del procedimiento.

En consecuencia, además de hacer el ridículo universal, al aplicarse las normas de la ley de tránsito anterior, floja y complaciente, los conductores ya no sienten el peso de la ley y ha vuelto a imperar la ley de la selva. La falacia de las sanciones desproporcionadas, derogadas poco a poco, ha dado lugar, como ocurre siempre que se pisotea la razón, al triunfo de los irresponsables, cuyo abanderado es hoy un diputado, culpable, por su intolerancia, del sufrimiento de numerosas familias, víctimas de la imposibilidad de contener los accidentes de tránsito por la falta de una ley razonable.

Si este diputado se proclama evangélico, bien haría en repasar las enseñanzas de la Biblia sobre la tolerancia y el respeto a la vida.

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Oscar Esquivel Valerio 13:56 23/1/2012

Efectivamente las multas eran desproporcionales, no hay duda que el fin era fiscal! Ahora lo que se requiere es que hagan lo que desde un inicio se les advirtió, una ley lógica, racional, proporcional, justa y según las realidad de la media poblacional. Por otro lado, de nada sirve una buena ley de transito, si los encargados de aplicarla son corruptos.

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Pablo Solano 10:47 23/1/2012

¿moral o mental? diría yo que ambas tienen que ver con la cultura, entonces sería un problema cultural, un problema con nuestra forma de ver la vida y enfrentarla

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Luis Fernando Rojas Coles 10:09 23/1/2012

Ningún país es ingobernable, ese se lo inventó alguien para evadir su irresponsabilidad. Lo que ocurre aquí es que nadie quiere compararse "la bronca" de tomar decisiones y de ponerse a gobernar como Dios manda. A veces debemos alzar la voz, golpear la mesa y "soltar al tigre...".

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Rubén Chacón Aguilar 10:07 23/1/2012

El problema en este país es tanto mental, por nuestra maña de ser irresponsables, que todo lo agarramos en un puro vacilón, la alcahuetería, y otras por el estilo. Y moral, por hacernos de la vista gorda ante tanta injusticia y chorizos. Por eso y muchas cosas más (decía Luis Aguile) nunca vamos a ser un país desarrollado.

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ISIS RUBALCABA 07:42 23/1/2012

Todos los que apoyaron las multas desproporcionadas, incluido don Julio Rodriquez, dieron la estocada de muerte a la ley de transito. Ahì es donde estàn los culpables del fracaso de esta ley de trànsito.

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