Nicolae les pregunta: “¿Son ustedes hermanos?”. Luis Chaves y Gustavo Adolfo Chaves aclaran que no: que el azar no les alcanzó ni para ser primos. Sin embargo, pese a los centímetros de estatura que los separan, ambos se asemejan: usan lentes, son escritores respetados y sufren igualmente por su condición heroica de fans del Club Sport Herediano. Ser del Herediano es como ser caballero templario: faltará la vida, pero no la fe. Como Jorge Luis Borges decía del tango, ser florense es “una forma de caminar por la vida”. Además, cuando se pierde un partido, el triunfo es lo de menos.
El martes 17, Luis Chaves y Gustavo Adolfo Chaves se presentaron en un chat de nacion.com organizado por Áncora. Ellos conversaron con el público acerca de la reciente literatura nacional: qué temas tratan, cuáles son sus tendencias, qué influencias reciben los autores, qué problemas encuentran en publicar y en distribuir sus libros...
Asimismo, ambos dialogaron sobre qué es el oficio de escribir, cómo pueden orientarse los jóvenes que tienen vocación literaria, cuáles libros recomiendan ambos a los amantes de las letras, y muchos temas más.
Con el libro Chan Marshall, Luis Chaves ganó el III Premio de Poesía Fray Luis de León; la obra fue publicada en España por la prestigiosa Editorial Visor. Sus libros más recientes son El Mundial 2010 (apuntes, 2010), 300 páginas (prosas, 2010) y Monumentos ecuestres (poesía, 2011).
A su vez, Gustavo Adolfo tiene una maestría en literatura hispanoamericana en la Universidad de Massachussets-Amherst. Ha publicado los libros Cuentos etcétera (2004) y Vida ajena (poesía, 2010). También es valioso su trabajo de traductor de literatura al español.
La tarde de sol insolente queda fuera, y el cerrado estudio de cortinas negras de La Nación recibe a los dos vates con un hermetismo que ellos no practican.
Andanzas. ¿En qué proyectos está Luis Chaves? Él responde: “Con la Editorial Germinal, de Juan Hernández, preparo una edición criolla de Chan Marshall, libro que se publicó en España y la Argentina. La Editorial Lanzallamas publicará una reedición de Asfalto con un epílogo añadido. Además, trabajo en un libro de relatos que deseo publicar este año antes de que se termine el mundo en diciembre”.
Gustavo Adolfo toma la palabra: “También con la Editorial Germinal acabo de publicar una traducción al español de poemas del californiano Robinson Jeffers, quien murió hace cincuenta años. En septiembre, en Sevilla, la Editorial Libros del Aire publicará mi traducción de Bailando en Odesa, del poeta ruso-estadounidense Ilyá Ka-mínsky. De producción propia, trabajo en un libro de poemas relacionados con historias familiares”.
Alfredo pregunta: “¿Creen que existen tendencias en la literatura costarricense actual?”. Gustavo Adolfo opina:
–Igual que en todas partes, hay tendencias fuertes, como la del coloquialismo, sobre todo entre los más jóvenes. A la par existen individualidades, líneas de resistencia importantes. Luis Chaves es una de las voces más definidas de la corriente coloquial. Yo mencionaría también la “poesía impersonal”, como las de Silvia Piranesi y Klaus Steinmetz.
¿Qué es la “poesía impersonal”? Gustavo Adolfo prosigue: “La personal se centra en la cotidianidad del autor; en cambio, la poesía impersonal trata de experiencias de otros y de otros lugares”.
Luis Chaves pregunta: “¿Qué es más deseable: hablar desde un yo para hablar de todos, o pretender hablar de todos para hablar de mí? No hay garantía en ningún caso. Lo que más me interesa es que algo me guste, que esté bien escrito”.
Premios y ventas. El mismo Chaves (don Luis) recuerda un comentario hecho por el escritor nacional Guillermo Barquero a propósito del español Premio Herralde de Poesía, galardón que suscitó un debate entre escritores ticos. La conclusión fue que cada cual debe escribir lo que le nace, sin pensar en premios. “Ganar un premio no lo hace a uno mejor escritor; si trae dinero, bien, pero no más”, agrega Luis Chaves.
Carlos inquiere: “¿Cuáles son los libros nacionales de literatura que se han vendido más últimamente?”. Gustavo Adolfo Chaves dirige la Librería Duluoz (tel. 2221-2425) y se anima a responder: Marzo todopoderoso (Editorial Lanzallamas), de Catalina Murillo; Monumentos ecuestres (Editorial Germinal), de Luis Chaves, y Bajo la lluvia, Dios no existe (Uruk, Editores), de Warren Ulloa.
Otro Luis pregunta cómo puede hacer un escritor para publicar un libro. Los poetas aquí presentes explican las formas de lograrlo: una, con editoras del Estado y de universidades; otra, con editoriales independientes, que ofrecen lapsos menores de impresión; una más: si la obra gana un premio, la editan los organizadores del concurso.
Entre las editoriales independientes, los invitados citan a Germinal, Lanzallamas, Perro Azul, Uruk, Arboleda, Espiral, Andrómeda y Ambigú (de libros-objeto).
“Quiero ser poeta: ¿cómo hago?”, pregunta un lector. Si uno quiere aprender a escribir, debe leer: en esto coinciden los señores Chaves. Luis considera que “nadie enseña a escribir; a escribir se aprende leyendo”.
Pasen al taller. Empero, no deben desdeñarse los talleres literarios. El mismo Luis Chaves coordina uno de esos grupos y, años ha, concurrió a los que dirigieron Osvaldo Sauma y Jorge Boccanera. Luis explica que, en los talleres, los integrantes leen sus escritos y escuchan los comentarios que suscitan. El autor puede –o no– modificar su obra según lo que ha oído.
Igualmente, los miembros del grupo llevan escritos ajenos para leerlos a los demás. De todos estos dimes y diretes se extraen conclusiones más o menos compartidas.
Gustavo Adolfo confiesa no haber frecuentado mucho talleres, pero indica que en ellos se aprende a leer, e incluso a releer lo que uno mismo ha escrito, mas con nuevos criterios. En los talleres también es posible conocer técnicas, aunque tampoco garantizan nada porque el autor –con sus aficiones y lecturas– sigue siendo lo esencial.
Mayron desea saber cuál tipo de poesía busca la gente. “Poca gente busca poesía”, se hacen coro los invitados. Luis Chaves cree: “Cuando uno escribe, la preocupación no debe ser qué le interesa leer a la gente; además, ¿qué es ‘la gente’? Uno escribe para uno mismo y para personas cercanas. No puedo imaginarme ‘un público’”. Gustavo Adolfo Chaves recuerda que, en el 2000, en el libro Historias Polaroid, Luis ya escribía para sus amigos, su “familia extendida”.
Tempus fugit.Wendy pregunta por lugares donde se comenten libros. Los invitados mencionan la página de Internet 100 palabras por minuto, de Juan Murillo, y las críticas de él que aparecen en La Nación. También recuerdan Las sentencias inútiles, sitio de Guillermo Barquero, y gustavosolorzano.com
Los géneros literarios son como “el Higuerón”, que ya no existe, pero que sigue funcionando. “Son ideas que sirven para guiar, pero, en definitiva, los géneros se cruzan”, piensa Luis, cuyo libro Asfalto fue considerado poesía, pero que se reeditará como narración.
Demandados a mencionar algún libro favorito, Luis cita Viaje al fin de la noche, del francés Louis-Ferdinand Céline, y Gustavo Adolfo alude más bien a un autor: el aedo polaco Czeslaw Milosz.
Luis sugiere una forma de acercar a los colegiales a la literatura: hacer que comiencen leyendo autores más próximos a su vida, y luego invitarlos a ir hacia el pasado.
“¿Cómo vencer la página en blanco?”, les inquiere una lectora. Gustavo Adolfo detalla que él ya no se preocupa por eso, sino que se pone a trabajar. “Uno se va soltando luego”, precisa. Luis coincide: “No hay que preocuparse por escribir una obra maestra porque uno termina aplastado por la angustia de hacer una genialidad”.
“¿Para qué sirve la literatura en un país en el que nadie lee”, pregunta un o una pesimista. “Le sirve primero a quien la hace, y luego a quien la disfruta si se sintoniza con ella”, responde Gustavo Adolfo.
“¿Deberían los poetas malos dejar de escribir?”, pregunta, sugiere o exige un lector. Gustavo Adolfo replica: “¿Qué es un ‘poeta malo’? La historia está llena de injusticias: de autores que son descubiertos siglos después”.
A la hora, el chat acaba. Fuera, en una esquina, la tarde se ha cruzado con la noche.