Isla de Giglio, Italia. AFP. El Gobierno de Italia temía ayer un desastre ambiental por la fuga de combustible del crucero Costa Concordia que naufragó frente a la isla de Giglio, en momentos en que los buzos reanudaron la búsqueda de 29 personas desaparecidas.
Los rescatistas interrumpieron tres horas su labor por el mal tiempo. El balance oficial de desaparecidos ascendió de 15, el domingo, a 29 personas, ayer.
Las autoridades consideran que la nave, con 2.380 toneladas de carburante, es una especie de “bomba” en uno de los entornos más delicados del Mediterráneo.
El ministro italiano de Medioambiente, Corrado Clini, pidió una intervención urgente para evitar el derrame del hidrocarburo que transportaba la embarcación y anunció que decretará estado de emergencia para atender la crisis.
“Toda la zona corre alto peligro”, subrayó el ministro, tras recordar que el archipiélago de Toscana es una de las zonas más protegidas de Italia, declarada desde 1996 parque marino y conocida por ser un santuario de ballenas.
El mal tiempo puede complicar la recuperación del carburante, aunque por el momento no se ha vertido, si bien ayer aparecieron las primeras manchas aceitosas alrededor de la nave, sin que se haya podido determinar si se trata de combustible.
Equipos de expertos de la empresa holandesa Smit Salvage y de la compañía estadounidense Titan Salvage llegaron a la isla a estudiar soluciones y dispuso la instalación de paneles o filtros para atender la eventual fuga.
El ministro Clini y defensores del ambiente pidieron parar el paso de esos barcos por zonas delicadas, como el gran canal de Venecia y el archipiélago toscano.
Recuperación. Entre tanto, bomberos italianos encontraron ayer el cadáver de un pasajero con chaleco salvavidas que se hallaba en en el segundo puente del barco, parte que no estaba sumergida. Se trata del sexto muerto aún sin identificar.
El crucero de lujo de casi 300 metros de largo naufragó el viernes por la noche tras impactar contra una roca, con 4.229 personas a bordo, entre ellas más de 3.200 turistas de 60 nacionalidades y un millar de miembros de tripulación, incluidos 17 hondureños a salvo.
Los más de 4.000 evacuados fueron transferidos el sábado de la isla de Giglio al puerto de Santo Stefano, y de allí repatriados en su mayoría a sus países.
Entre los desaparecidos figura la peruana Erika Soria, de 25 años, que era parte de la tripulación.
El naufragio deja hasta ayer seis muertos, de ellos, cuatro turistas (dos franceses, un italiano y un español) así como un peruano de la tripulación, Tomás Alberto Costilla Mendoza, de 49 años, quien murió por ahogamiento.
Mientras se analizan las consecuencias del hecho, siguen llegando testimonios de los sobrevivientes, como el de la jueza argentina María Inés Lona, quien se salvó nadando 60 metros hasta un peñasco de la isla de Giglio y culpó al capitán del crucero, Francesco Schettino, del naufragio.
Además, se suman acusaciones por el mal manejo de la evacuación pues sigue sin precisarse la cifra de personas que faltan.
EE. UU. y Alemania llamaron para saber el paradero de una pareja de estadounidenses y una decena de alemanes.