Tegucigalpa. (AFP). El Congreso hondureño aprobó una reforma educativa, reivindicada por el oficialismo como revolucionaria, que extiende la obligatoriedad al secundario, incorpora inglés en la currícula y fija en 200 días anuales el mínimo de clases en un país con 30% de analfabetismo.
“La revolución educativa es hoy sí una realidad y sus efectos van a cambiar radicalmente la forma como los hondureños vemos la vida”, aseguró hoy en cadena de radio y televisión el titular del Congreso, Juan Orlando Hernández, al referirse a la ley aprobada la noche del lunes.
La mayoría de los dirigentes de los seis sindicatos que agrupan a unos 60.000 docentes –que imparten cursos a 2 millones de estudiantes– rechazan la reforma argumentando que en realidad se busca privatizar la enseñanza.
La norma contempla además que los nuevos docentes deberán disponer de títulos universitarios y establece variantes en los sistemas de pagos de la educación, descentralizándolos hacia los departamentos.
La norma, de 91 artículos, “garantiza que la educación pública es gratuita y obligatoria, que el año lectivo será de 200 días y no se podrá cerrar si no se cumplen a cabalidad"” dijo Hernández.
Además, establece que “el Estado está obligado a brindar la educación pública al menos desde un año de educación pre-básica hasta el nivel medio y a ofrecer a todas las personas en edad escolar la posibilidad de acceso a la educación”, agregó.
La Ley Fundamental de Educación se debatió durante 8 meses y fue aprobada por 87 de los 128 miembros del legislativo unicameral.
La ley anterior, que data de 1966, señala la obligatoriedad de la enseñanza hasta el sexto año de escuela elemental.