La columna En vela del 11 de enero dibuja con precisión matemática la corresponsabilidad de presidentes, ministros y otras autoridades políticas en la construcción de abusos, gollerías y corruptelas en la administración pública.
Esas autoridades políticas dicen sí a las abusivas exigencias de ciertos grupos de empleados públicos por dos razones. Primero, para no perjudicar políticamente a su partido político, y segundo, porque muchas de esas autoridades, a lo largo de su carrera política, han abusado y transgredido, y, si no dicen sí a las solicitudes abusivas, los trabajadores les denunciarían.
Así, la cancha se nivela y los silencios se compran, sumando las actitudes corruptas y abusivas de algunos empleados públicos a las de los políticos. Los pagadores de impuestos financian ese nefasto empate y Costa Rica retrocede.
Mi intención ha sido romper ese empate a partir de una ética rigurosa desde el poder, que dote de autoridad moral a quienes lo ostentan. No lo logré, y hasta dentro del PAC hay gente que considera los códigos con que fundamos el PAC como una tontera. Pero el dedo debe mantenerse en la llaga para que la hora llegue a esa verdad lo más pronto posible.