Daño colateral es un eufemismo inventado por el Ejército estadounidense en Irak, que hace referencia a los pobres inocentes que mueren por haber tenido la mala suerte de vivir en una zona de combate. La industria de turismo, la provincia de Guanacaste y la imagen de Costa Rica están sufriendo las consecuencias de una extraña confusión sobre la apertura de la nueva terminal del aeropuerto de Liberia.
Según mi entender, la compañía constructora entregó la obra de acuerdo con especificaciones el 13 de octubre, pero hasta hoy el edificio está abandonado.
El jueves pasado vi con mis propios ojos un aeropuerto nuevo, moderno con varios empleados de seguridad, limpieza y mantenimiento, tiendas y servicios listos para recibir y despedir a los visitantes al país más feliz del mundo. Un monumento a la dificultad de ejecutar en el Costa Rica de hoy. Una excelente valla para apoyar la campaña publicitaria millonaria del ICT.
La verdad es que no sé más que lo que leo. Parece que no hay fecha cierta de apertura. Parece que hay varias razones de peso que son más importantes y más apremiantes que la imagen de Costa Rica, la satisfacción del viajero, o la seguridad jurídica del inversionista.
Lo que sí sé es que en julio 2007 durante un Consejo de Gobierno en Liberia la entonces ministra de Obras Públicas y Transporte entregó, después de 2 años de estudio, una carpeta con las especificaciones de la licitación del aeropuerto.
Tres añitos después, van der Laat empezó la construcción de la obra, que entregó a los 10 meses según su compromiso. Aparentemente, los 5 años no eran suficientes para que el MOPT definiera los lineamientos de un aeropuerto en Liberia. Aparentemente, los expertos del MOPT tienen un conocimiento en la construcción de aeropuertos internacionales que supera a los de los que manejan los aeropuertos de Houston y Vancouver –socios técnicos de Coriport–. Aparentemente, los actores principales, Coriport, MOPT, ICT y la Municipalidad de Liberia, no se hablan.
Un sabio me contó el cuento de dos personas que estaban dentro de una casa que se estaba quemando. Una persona llamó al 911 y corrió para ver si había alguien a quien podía salvar, mientras que la otra se paró en medio del salón y gritaba: “¡Buscamos al culpable de este incendio!”. El incendio de Liberia es una manifestación más del gran incendio que está “bajándole el piso” a nuestro país. Los índices de competividad, de desarrollo humano, la falta de solidaridad en la resolución de los problemas, todos son focos de quemas que amenazan con incendiar al país. Busquemos soluciones, no culpables...