Ha sido impactante, en las relaciones bilaterales con Nicaragua, la fórmula a la tica para neutralizar las provocaciones del Gobierno nicaraguense. Las expresiones dolosas del vocero, el general de mil batallas Avilés, o del mismo Daniel también han causado estupor. En una extraña reunión en La Casa de los Pueblos, el 15 de noviembre de 2010, Ortega expresó: “Vamos por el río Colorado”. O sea, estaba anunciando otra amenaza para Costa Rica.
La nueva carretera, financiada sin préstamos extranjeros, es de 120 kilómetros y recorre una zona que francamente ha estado en abandono durante años. La inversión inicial es de $7,6 millones. Con su construcción, obligada por la reticencia patriotera de Ortega, se unen treinta pueblos dispersos hasta hoy, casi inaccesibles, además de Delta Costa Rica, Boca Sarapiquí, Boca San Carlos y Las Tiricias.
La corriente eléctrica, agua potable y telecomunicaciones, vienen siguiendo el trazado. Este marcado desarrollo en toda la zona norte de Costa Rica habilitará escuelas, ya que tampoco permitían que los niños asistieran a la escuela navegando el hoy obsoleto río San Juan. ¡Siete escuelas se han habilitado, y gracias al ICE, por primera vez llegó la corriente eléctrica a Fátima, San Antonio y Delta Costa Rica!
Por su parte, el Gobierno nicaraguense invierte $7 millones en un nuevo aeropuerto en Greytown, en la desembocadura del mismo río. Un aeropuerto moderno, en un sitio donde no hay turismo ni movimiento económico real, refleja más bien un sentimiento estratégico militar. ¡Bueno, el mismo Ortega lo afirmó al decretar que ese nuevo aeropuerto es una tarea estratégica, fundamental, para recuperar la soberanía de las zonas fronterizas!
Además, ha venido buscando apoyo logístico y económico para abrir la zona del caribe sur de Nicaragua, con un megapuerto en Monkey Point. Hasta el momento hay pocos interesados sobre este tema.
Cuando Daniel Ortega vociferaba que la isla San Andrés era nicaraguense, el presidente Uribe de Colombia estacionó dos fragatas de guerra en sus aguas nacionales, y no volvió a chistar más. Una carretera trae un desarrollo perpetuo y es un reflejo inmediato de la necesidad prioritaria de cuidar nuestra frontera norte.
Puede Ortega estacionar sus aviones de guerra en el nuevo aeropuerto, pero Costa Rica estaciona vagonetas y tractores que promueven el desarrollo económico que trae consigo los grandes valores nacionales en toda la región. Por eso los vecinos están felices porque su vida se está mejorando.
Y el viejo y obsoleto río San Juan ¿qué dirá? Quizás como aquella antigua canción espiritual afrodescendiente:
“Ese viejo río , ese viejo río tiene que saber algo,
pero no dice nada, él solo sigue rodando,
¡él sigue rodando!”