La IRC, por lo general, ataca pequeños vasos sanguíneos del riñón llamados glomérulos; la epidemia centroamericana ataca los túbulos del riñón. La IRC, por lo general, afecta a gente mayor con igual distribución entre sexos; esta epidemia afecta de manera abrumadora a hombres en edad de trabajar, la mayoría trabajadores de la caña de azúcar, aunque también a mineros y otros trabajadores agrícolas.
Una comunidad creciente de investigadores solicita reconocimiento para una nueva enfermedad que todavía no se incluye en los manuales médicos: la “nefropatía mesoamericana”, “nefropatía agrícola endémica” o “nefropatía de la caña de azúcar”.
El director del programa nacional de IRC de El Salvador ha escrito respecto a una “nefropatía regional mesoamericana” que un día sería reconocida internacionalmente.
“Es importante que la insuficiencia renal crónica que afecta a miles de trabajadores rurales en Centroamérica sea reconocida como lo que es: una gran epidemia con un tremendo impacto en la población”, manifestó Víctor Penchaszadeh, epidemiólogo clínico de la Universidad de Columbia y asesor frecuente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre enfermedades crónicas en Latinoamérica.
El doctor Ramón Vanegas, nefrólogo que valora solicitudes de trabajadores al Instituto de Seguridad Social de Nicaragua de pensiones por enfermedad ocupacional, dijo que los casos que define como IRC ocupacional siguen un patrón de daño tubular renal combinado con un historial de insolación.
“Usualmente han estado trabajando y sufrieron espasmos musculares, tienen fiebre, han colapsado”, aseveró Vanegas .
Mientras los médicos reflexionan respecto a nombres y diagnósticos, el misterio persiste: ¿Por qué esta forma particular de IRC ataca a los hombres de cierta manera particular y en esta región específica?
Algunos estudios sugieren que factores de riesgo –desde exposición a plaguicidas hasta el abuso del alcohol pasando por el uso frecuente de drogas antiinflamatorias– pueden tener un papel importante en el inicio de la IRC. Otros muestran que los mineros, estibadores y trabajadores del campo en las regiones afectadas también tienen altas tasas de IRC. Un estudio en Nicaragua encontró que un pueblo minero tenía una de las tasas más altas de prevalencia en el país.
“La evidencia señala de la manera más fuerte una hipótesis de que tal vez la insolación –trabajo fuerte en un clima caliente sin suficiente reemplazo de fluidos– puede ser una causa de la enfermedad”, dijo Daniel Brooks, principal investigador de un equipo científico de la Universidad de Boston, EE. UU.
Durante los días que el equipo observó a los trabajadores de la caña, la temperatura promedio en los campos era de 35,5 grados Celsius. Su informe hizo notar que la Administración de la Salud y la Seguridad Ocupacional de los Estados Unidos, que supervisa la seguridad en los sitios de trabajo estadounidenses, pide un descanso de 45 minutos por cada 15 minutos de trabajo a tal nivel de temperatura.
La investigación preliminar del equipo reafirma la hipótesis de la insolación; muestras de sangre y orina tomadas de diferentes tipos de trabajadores de la caña durante el desarrollo de una zafra muestran más evidencia de daño renal entre los que tuvieron labor extenuante extramuros.
Estudios internos de Nicaragua Sugar, propietaria de una de las plantaciones de caña de azúcar más grandes de Centroamérica, suministrados por la compañía a ICIJ, muestran que la empresa desde hace mucho tiempo tenía evidencia de una epidemia ligada con la insolación y la deshidratación. En el 2001, el médico de la compañía, Félix Zelaya, condujo un estudio interno sobre las causas de la IRC entre sus trabajadores. “Trabajo extenuante con exposición a temperaturas ambientales altas sin un programa adecuado de hidratación predispone a los trabajadores al síndrome de insolación, que es un factor importante en el desarrollo de la IRC”, concluyó Zelaya.
Nicaragua Sugar y otras compañías dijeron que han actuado voluntariamente para proteger a sus trabajadores al mejorar la hidratación. Aún así, la compañía, mediante su vocero, Ariel Granera, cuestiona la existencia de una enfermedad renal exclusiva que afecta a sus trabajadores.