¿Qué va primero? Dice el Dr. Allan Astorga (http://www.nacion.com/2011-11-30/Opinion/desafios-para-alcanzar-la-sostenibilidad-del-desarrollo.aspx) que lo importante es que el desarrollo sea sostenible, entendiendo por tal que sea “ambientalmente sostenible” y para eso, la prioridad está en la imposición de políticas ambientales “amigables”.
Sus argumentos y afirmaciones, al basarse en la óptica de una planificación centralizada como solución suprema –de cuya “ausencia” se desprenden todos los males– y de que el “mercado” depredador del ambiente es la causa de la pobreza y subdesarrollo, merecen un debate, sobre todo al insistir en la necesidad absoluta de que “se” defina un “modelo” de desarrollo según las mayores “potencialidades” que tiene el país, y la necesidad de más (¡no de mejores!) sistemas de evaluación, control y fiscalización ambiental.
Estoy en desacuerdo. Para alcanzar el desarrollo sostenible (sea lo que eso quiera decir), primero hay que desarrollarse. No se puede hacer sostenible lo que no se ha logrado desarrollar, mucho menos cuando el modelo propuesto se fundamenta en el ecoturismo, es decir, en satisfacer la demanda “...del 80% de nuestros visitantes que vienen motivados por la biodiversidad...”.
Cualquier otra opción que no sea convertirnos en vitrina de zoológico, jardín botánico o desfile de carretas típicas, está condenada al fracaso por insostenible... Metafóricament,e como me lo describió mi amigo el Dr. MB, el precepto equivale a una persona anémica y desnutrida que dice querer ser sosteniblemente saludable y, como primera medida, reduce aún más su ingesta de grasas, carbohidratos, proteínas, y hace deporte agresivamente, con la meta de no ser un obeso insostenible.
Lo que le puede ocurrir es morirse antes de llegar a ser saludable. Es claro: en primer lugar hay que ser saludable y después se puede ser sostenible; no al revés.
Estamos perdiendo terreno. Es interesante tomar en cuenta que, de acuerdo con el Dr. Astorga, alcanzar el estatus de “desarrollado” solo se puede mediante la “sostenibilidad ambiental”. La contraprueba empírica es arrolladora: los 30 y tantos países de la OECD han alcanzado y mantenido su estatus de “desarrollados” sin ser precisamente adeptos al paradigma ambientalista ¿O quizás ahora se vendrá a decir que la crisis actual en varios de esos países es causada por no ser “ambientalistas”?
Hay más pruebas empíricas: Costa Rica, caso único de la historia universal, ha pasado de ser casi desarrollado a subdesarrollado y ha caído del puesto 42 al 69 en el Índice de Desarrollo Humano, todo en menos de un decenio (2003-2011). Semejante logro nada tuvo que ver con alguna política antiambiental, en absoluto.
Es más bien la consecuencia de desgobiernos, negligencia y amateurismo, hoy más visibles que nunca, y cuyo logro ha sido eclipsar las prioridades verdaderas con cruzadas “ambientales”, tan emblemáticas como ineficaces.
Confusiones. La “planificación sectorial y suprasectorial” que menciona Astorga en su artículo posee contradicciones múltiples: el ambiente y los recursos naturales no se pueden planificar sectorial y menos aún supra-sectorialmente.
Estos temas no son sectoriales y cuando se han intentado etiquetar, como en Costa Rica y otros países, bajo la insignia de un ministerio, los resultados son los que se ven: desastrosos.
Creo que, salvo algunas pocas excepciones, quienes hasta la fecha han dirigido e influyen en los destinos del ambiente y de los recursos naturales (incluido el Sr. Astorga) confunden “conservación” y “gestión ambiental”.
Un ejemplo de ello es el muy publicitado plan “Costa Rica Carbono Neutral 2021” (http://www.costaricaneutral.org/), en cuya política no se establece un control de si las especies para reforestar son exóticas o endémicas, o una propuesta de análisis económico y de beneficio/costo de las acciones propuestas: no sabremos cuánto nos costará autosometernos a esa certificación, la cual compite, desde ya, con otras necesidades y prioridades más urgentes para el país.
Todo esto se refleja en que, mientras “vendemos” una imagen de naturaleza prístina a los turistas y enviamos una delegación impresionante a Durban (Suráfrica) para hablar sobre cambio climático, al mismo tiempo el río Virilla está destruido, no hay control sobre la aplicación de agroquímicos (¿sabrán los ecoturistas lo que tragan en sus ensaladas y frutas?), se sataniza la extracción minera condenando para siempre un recurso valioso y, además, construimos plantas termoeléctricas que queman combustibles fósiles, por no poder aprovechar la hidroelectricidad – para que los gringos vengan a tirarse en balsas en nuestros ríos– ni la geotermia por estar sus yacimientos principales, oh casualidad de la vida, en los volcanes, ¡a los que algún genio decidió otrora declarar como parques nacionales!