Miles de jóvenes se levantan todos los días y no tienen que alistar cuadernos o libros porque no van al colegio ni a la universidad.
Tampoco guardan en una mochila una merienda o almuerzo porque tampoco tienen trabajo.
Estos muchachos pasan las horas en sus casas ocupados con videojuegos o programas de televisión, haciendo mandados, oficios domésticos y, en la más preocupante de las situaciones, vagando con “malas juntas”.
A ellos se les conoce como “ninis” porque ni estudian ni trabajan. Son 140.686 jóvenes de entre 12 y 24 años, quienes representan el 12,3% del total de la población con esas edades, reveló el XVIIInforme Estado de la Nación.
“Están doblemente excluidos, porque no tienen acceso al conocimiento ni tienen la posibilidad de generar un ingreso digno”, consigna el estudio.
De lo más inquietante es que 45.000 de ellos deberían estar en las aulas de los liceos, que son aquellos entre 12 y 17 años. Sin embargo, una tercera parte de ese grupo reconoce que se le apagó el interés de estudiar.
Su actitud puede costarles caro en el futuro, porque al no tener ninguna formación se exponen a no conseguir empleos o conseguir uno mal pagado, condenándolos a la pobreza.
Isabel Román, investigadora del Estado de la Nación, considera que para revertir este panorama el sistema educativo debe hacer más atractiva su oferta.
Para Leonardo Garnier, ministro de Educación, la familia y la comunidad son claves para que la lista de “ninis” no siga creciendo.
“Si uno vive en un entorno donde toda la gente de su edad estudia, uno se siente mal por no hacerlo, porque hay una presión de la comunidad, pero si no estudiar y no trabajar es parte de lo bien visto, entonces no hay motivación”, aseguró Garnier.
Ana Teresa León, del Instituto Nacional de Estudios de la Niñez y Adolescencia de la Universidad Nacional (UNA), aconseja a los padres hacer todo lo posible porque sus hijos se integren y permanezcan en el sistema educativo.
“Estar sin trabajar y sin hacer nada no es una opción de vida, es una situación forzada por la expulsión escolar, por el fracaso escolar, por la poca capacidad de enfrentarse a un trabajo”, recalcó León.
A la vez, la especialista recalcó que a los “ninis” no se les debe poner la etiqueta de “vagos”.
“Es gente que carece de motivación, les falta apoyo de la familia, tienen baja autoestima. Malas experiencias previas o falta de límites en la infancia los han hecho así y no logran salir adelante por sus propios medios”, señaló.
Garnier añadió que desde hace varios años el número de “ninis” de entre 12 y 17 años tiende a la baja.
Consecuencias. Los jóvenes que pasan ociosos todo el día también son más vulnerables a inmiscuirse en actividades ilícitas para obtener dinero o en el consumo de drogas.
“Sobre todo, aquellas personas que por muy diversas razones han llegado al convencimiento de que no tienen oportunidades de estudio o de trabajar, buscan una forma alternativa”, advirtió el sociólogo Juan Carlos Chinchilla.
Una opinión similar expresó Mayra Campos, fiscala adjunta penal juvenil.
Según Campos, la ausencia de oportunidades para construir un proyecto de vida es un factor “precipitante del comportamiento violento”.
Si a ese se le suman otros factores de tipo estructural y social, como abandono, “callejización”, estigmatización, marginación social, acceso a armas y consumo de drogas el riesgo de que pueden terminar convirtiéndose en delincuentes es mucho mayor.
Sin embargo, ambos especialistas aclararon que no se puede ubicar a todos los “ninis” dentro de esas condiciones.