La Habana. AFP. Caridad piensa en grande: espera sumar una segunda planta a su casa y montar en la primera un restaurante, ahora que la banca estatal de Cuba apuntalará con créditos las reformas económicas de Raúl Castro. Sin embargo, Mirtha, como Santo Tomás, prefiere “ver para creer”.
“Por ahora es un gran sueño, pero qué no puedes hacer si dispones de créditos”, declaró Caridad Burgos, mientras servía un café a un cliente en el negocio de comida rápida que abrió en su casa.
Agobiada por el salario mensual de 405 pesos (unos $17) que percibía como secretaria, esta mujer renunció a su empleo estatal para “probar suerte con los negocios”.
Ahora ella tiene una ganancia neta de unos $50 al mes, aunque se queja por los altos gravámenes y la falta de un mercado mayorista donde abastecerse de bienes.
La nueva política crediticia, que el gobierno de Raúl Castro anunció el jueves, entrará en vigor el 20 de diciembre y está dirigida a los trabajadores por cuenta propia, negocios privados, cooperativas y campesinos independientes, y personas que quieran construir o reparar sus casas.
Sin embargo, no todos los cubanos reaccionaron con el optimismo de Burgos ante el plan, incluida en el plan de 300 reformas con que el presidente cubano busca hacer eficiente el agotado modelo económico, de corte comunista, que la isla siguió durante medio siglo.
Mirtha Lambert, una peluquera privada de 42 años, está “al borde de un ataque de nervios”, pues lleva “tres meses corriendo por toda La Habana” para comprar los materiales de construcción que necesita para reparar su vivienda.
Para Janet, vendedora en un supermercado, tener acceso a créditos “sería bueno” si los cubanos no devengaran salarios “tan bajos”: $20 al mes como promedio.