Un acuerdo que surge en los aires de la desconfianza mutua,la traición y el cálculo electoral, siempre estará irremediablemente condenado al fracaso.
El futuro de la Alianza por Costa Rica es incierto, el desgaste natural generado luego de seis meses frente a las riendas del Congreso, ha sido mucho más fuerte de lo imaginado, y el sobredimensionamiento de las expectativas con su llegada parece, cada día más, difuminarse.
Según la última encuesta de Unimer/La Nación, apenas un 9% considera que el desempeño legislativo ha mejorado y el apoyo a un eventual candidato presidencial de la coalición opositora significativamente ha disminuido (25% en junio y 14% en la actualidad).
La victoria, decía Maquiavelo, de obtenerse con soldados auxiliares, mixtos y propios, resulta casi siempre perjudicial, debido a que, si pierdes, te quedas deshecho, y, si vences, te conviertes en prisionero suyo. (Capítulo XIII, El príncipe, Nicolás Maquiavelo).
El paso del tiempo ha otorgado la razón a los más críticos; la consecución del poder por el poder carece de todo sentido, esta solo representa un medio y no un fin en si mismo.
Los partidos que componen la Alianza se sintieron presos de un proyecto que hoy se encuentra a la deriva y prefieren pactar con el Gobierno de forma individual sobre temas de interés particulares.
La actual Alianza por Costa Rica navega por el momento en aguas sectarias, ideológicas y electorales que la podría llevar a naufragar, en medio de tormentas intestinas en las fuerzas que la componen, producto de que su inmadurez no les permite levar anclas de sus líderes de partido fuera de la Asamblea Legislativa, lo que podría condenarla irremediablemente al fracaso.
Existe una completa falta de claridad sobre su rumbo. Algunos diputados libertarios ya se han arrepentido públicamente de su apoyo a Juan Carlos Mendoza el pasado primero de mayo, y se desconoce si se mantendrá el acuerdo para llevar a Danilo Cubero a la presidencia del Congreso el año que viene; la relación del PAC y el PASE con el ML se ha visto notablemente afectada por el temporal acuerdo de los primeros con el Gobierno sobre el proyecto de solidaridad tributaria y el escándalo en las finanzas de los rojiblancos.
En las filas del PUSC, las aguas se encuentran todavía más convulsas; una bancada prácticamente dividida desde el momento en que le correspondió elegir un nuevo jefe de fracción en esta legislatura, cuenta con el interlocutor más legitimado de la Alianza, pero no así de su partido, donde prácticamente cada diputado entabla conversaciones con quien desee de forma independiente, aunque se perciben dos grupos, uno calderonista y otro no tan afín.
Esperamos que los partidos que componen por el momento la Alianza por Costa Rica se encuentren conscientes de que conviven con la traición y la deslealtad en su seno.
De haber permitido que el pasado primero de mayo se impusiera la verdadera voluntad de algunos de sus legisladores y no el temor a las amenazas de ser expulsados de cada uno de ellos, tendríamos un escenario muy distinto, quizás con algunos casos de transfuguismo, que hubieran dejado al desnudo sus divisiones internas, cada vez más visibles y difíciles de ocultar.