Managua. Nicaragua elige hoy a sus gobernantes en medio de un proceso impregnado de irregularidades, el cual, solo si se respeta la voluntad de los electores, cumplirá los requisitos de legitimidad para considerarla legal, creen analistas consultados.
La jornada de hoy fue precedida por violentos enfrentamientos en zonas rurales al norte del país que dejaron 15 heridos ayer en Sébaco (Matagalpa), donde los quejosos incendiaron tres vehículos del Consejo Supremo Electoral (CSE) en reclamo por sus cédulas para ejercer el voto.
Luis Yáñez, jefe de la misión de observación electoral europea, confirmó la gravedad del asunto.
“No es inventado, ni exagerado, es un problema real tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo pero aún no tenemos una cifra”, expresó Yáñez a La Nación.
Entre viernes y ayer, conforme reportes del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, la violencia causó choques, cierres viales y asedio de consejos electorales municipales en 12 localidades en Matagalpa, Nueva Segovia, Madriz y la Región Autónoma del Atlántico Norte.
A ello se sumó el atraso en la entrega de 5.000 acreditaciones para fiscales del Partido Liberal Independiente (PLI), cuyo candidato, Fabio Gadea, va segundo en la intención de voto detrás del presidente, Daniel Ortega.
Cuestionado por la anomalía, Roberto Rivas, titular del CSE, se limitó a acusar al partido opositor de “querer boicotear la elección”.
Mientras, en Managua, hubo calma salvo por la quema de unas llantas ante el edificio del CSE (fuertemente vigilado por policías) sin mayor trascendencia.
Los supermercados tuvieron una afluencia constante de consumidores cargados de bienes para el fin de semana largo pues, por ley, el lunes luego de los comicios es feriado nacional.
Duda. Por otra parte, hay temor de que la votación fracase si se viola la voluntad de los electores.
“¿Por qué Ortega pone tantas trabas al proceso si toda encuesta afirma que va con ventaja? Temo que para ocultar el fraude”, concluyó Roberto Cajina, consultor y analista en gobernabilidad y defensa.
Mauricio Zúñiga, director del Instituto para el Desarrollo de la Democracia, cree que esperar el final del proceso es clave pero, de violarse este, “Nicaragua enfrentaría el peor escenario”; uno común en la vida de esta nación.
La democracia es una novedad en Nicaragua, cuya historia está marcada por guerras civiles, dictaduras y otras formas de autoritarismo que recibió la democracia en 1990 como un regalo inesperado y desconocido en unos comicios donde, más que por un sistema político, se votó por el fin de la guerra y del desabastecimiento.
El caudillismo, en cambio, ha sido la constante en la política local.
Esa variable quizás ayuda a explicar por qué en dos ocasiones el presidente ha sido un político de 66 años apenas con la secundaria concluida, capacidad mínima de oratoria y cuya relación con su gente es solo de la tarima a la plaza.
“Ortega cree en otro sistema que no es democrático, su visión última sería conseguir el voto suficiente en la Asamblea Nacional y abrirse la puerta para la reelección por siempre”, apuntó ayer Sergio Ramírez, escritor y político, quien fue vicepresidente de Ortega a mediados de la década de 1980.
Para Ramírez, el desprecio del Gobierno por los comicios de hoy tiene una explicación sencilla.
“Este tipo de caudillismo, donde se desfiguran instituciones para uso personal, siempre exige más poder. Esto lleva ya en sí misma la semilla de su destrucción. Nadie que concentra tanto poder cuenta al final una historia feliz”, añadió.