Son muchas las voces que se han unido al clamor en contra de los impuestos para las zonas francas. Dado el beneficio que este sector crea, cada día aumenta más la presión para mantener el tratamiento fiscal del régimen. En un primer artículo sobre el tema (10/10/2011) don Alberto Trejos de forma atinada dice que gravar el régimen de zonas francas “[hace] al país menos competitivo, justo en esta coyuntura internacional [de crisis económica], introduciendo incertidumbres y dando malas señales, [e] irresponsablemente pone en peligro un proceso que ha creado muchos empleos, cambios estructurales e ingresos de divisas al país”. Estos son excelentes argumentos que se deben considerar, pero no sólo para las zonas francas.
Son muchas las voces que se han unido al clamor en contra de los impuestos para las zonas francas. Dado el beneficio que este sector crea, cada día aumenta más la presión para mantener el tratamiento fiscal del régimen. En un primer artículo sobre el tema (10/10/2011) don Alberto Trejos de forma atinada dice que gravar el régimen de zonas francas “[hace] al país menos competitivo, justo en esta coyuntura internacional [de crisis económica], introduciendo incertidumbres y dando malas señales, [e] irresponsablemente pone en peligro un proceso que ha creado muchos empleos, cambios estructurales e ingresos de divisas al país”. Estos son excelentes argumentos que se deben considerar, pero no sólo para las zonas francas.
Lamentablemente, las mismas voces no defienden la situación del resto de los ciudadanos. Por lo visto quienes no operamos bajo el régimen de zona franca no contribuimos a la competitividad del país, y no nos vemos afectados por la incertidumbre generada por un irresponsable aumento de impuestos cuando el problema real está en el desenfreno en el gasto público.
Por ejemplo, don Alberto Trejos, en el artículo ya citado, argumenta que mayores ingresos para el Estado son algo “necesario e ineludible”. Por lo visto, siempre que quienes los aportemos no operemos bajo el régimen de zona franca, todo está bien. Ya a “mediano plazo” se verá lo que se hace con el gasto.
Quienes no operamos en el régimen de zona franca podemos no ser los más competitivos, pero lo cierto es que nunca lo seremos si se nos siguen cambiando las reglas tributarias cada vez que el estómago fiscal del Leviatán ruja.
Consistencia y realismo
A todos aquellos que han defendido con excelentes argumentos mantener las exenciones para las zonas francas, les pido respetuosamente que sean consistentes y que tengan la valentía de reconocer que al igual que las zonas francas se harán menos competitivas en caso de ser gravadas, el resto de la población se verá perjudicada por un aumento generalizado en impuestos, afectando nuestra competividad como país.
Seamos también realistas. Todos sabemos que en Costa Rica el mediano plazo es en realidad el largo plazo. Si se “soluciona” el déficit gravando al resto de la población, no existirá incentivo alguno para que se revise integralmente y se establezcan controles al gasto público. Mientras tanto, de lograrse mantener la exención, las zonas francas seguirán prosperando y el resto de los habitantes seguiremos financiando –no a mediano, sino también a largo plazo – la irresponsabilidad fiscal de los políticos que nos gobiernan, manteniéndonos en el nadadito de perro de siempre. Estamos advertidos.