¿ES procedente imponer la vía rápida a la reforma tributaria pactada entre el PAC y Liberación? Pienso que no. Hay razones legales, económicas y políticas para oponerse.
Legalmente es muy dudoso acelerar una reforma compleja sin afectar el principio democrático, que emana directamente de la Constitución y no del reglamento legislativo. Ya la Sala IV consideró viciada otra reforma fiscal festinada: “Constituyen infracciones sustanciales los trámites legislativos que, por acelerados o impetuosos, provoquen debates que quedan ayunos de un proceso reposado en calidad y reflexión”' “Lo adecuado habría sido que, ante una iniciativa con semejante nivel de extensión, complejidad y relevancia, la Asamblea Legislativa propiciara un debate más amplio y abierto y una discusión más detenida y efectiva de todos sus contenidos”.
¿Estamos al borde de una crisis económica que justifique festinar los trámites? Tampoco. Por cualquiera de los estándares de valoración vamos bien: la producción crece al 4% real; la inflación es muy baja (de lujo); sobran reservas en el B. Central; la deuda pública es baja; las tasas de interés son positivas, y el crédito crece al tripe del PIB. La balanza de pagos se financia con holgura por entradas de capital; el tipo de cambio se ha recuperado; el desempleo es relativamente bajo, y la pobreza y distribución no provocan ir a la calle como los “ indignados”.
El único pero es la situación fiscal. Mas tampoco justifica el filazo procedimental. Si no se arregla de inmediato, tampoco habrá ninguna crisis. El Gobierno tendrá que gastar menos, racionalizar gastos, sentar prioridades, despedir haraganes, congelar la planilla, ser más eficiente en sus servicios y prudente en los salarios, eliminar exenciones, cobrar mejor los tributos, reducir consultorías y cortar la evasión. Ninguna de esas acciones sería mala. Al contrario: una cirugía de sanación como la pedida a gritos en los quirófanos de la CCSS.
Políticamente, el pacto fue la jugada más astuta del PLN y la más estúpida del PAC. Logró crear una fisura, quizás irreparable, en la alianza opositora para debilitarla y enfrentarla eventualmente desunida. El PAC se dejó seducir por la idea de evitar una supuesta crisis, ignorando la agenda invisible de quienes creen, ingenuamente, poder derrotar solos al PLN. Fernando Durán, de inigualable malicia política, los desnudó: el PLN disfrutará la gloria de más ingresos para poder gastar más, y el PAC cargará la pena de los impuestos. Ottón Solís es, otra vez, el verdugo de los empresarios y zona franca. Y en nada beneficia al PAC. Lástima que sus otros dirigentes no supieron valorarlo a tiempo.