A Costa Rica le faltan muchas cosas, pero tal vez la carencia más grave que padecemos en este momento es la del sentido común en todas las esferas –individual, colectiva, pública y privada–. La insensatez es una de las causas últimas de la improvisación, el desperdicio de recursos, la pérdida de tiempo y de oportunidades, el exceso de trámites y de leyes, la duplicación de funciones, la falta de previsión, la frecuente anulación de leyes por medio de la jurisdicción constitucional, las decisiones cortoplacistas, el permiso para el dragado del San Juan que llevó al costosísimo diferendo con Nicaragua, la firma de convenciones colectivas leoninas para el país, la ruina de la red vial, etc.
Ejemplos de la insensatez individual se ven diariamente en los múltiples accidentes de tránsito en nuestras carreteras. Su correlativa insensatez colectiva es la reacción de los legisladores de concebir leyes de una radicalidad inoperante e incoherente con la realidad nacional, que obligan a la Sala IV a enmendar algo que se podría haber hecho bien desde el principio, sin el desgaste nacional que esto ha significado.
Insensatez gremial. También, a nivel colectivo, la falta de sentido común es común entre algunos dirigentes sindicales; y sus agremiados tienen la insensatez de no percatarse de ello y dejarse representar por quienes en el fondo persiguen intereses particulares, que seguro no son compartidos por todos los asociados.
Por eso me pregunto: ¿Dónde están las voces de la inmensa mayoría de maestras y maestros, que son responsables y honestos, cuando sus dirigentes se encapricharon en oponerse a propuestas lúcidas, que los benefician (como las vacaciones en períodos correlativos con los trimestres académicos) o que son absolutamente legítimas y promueven la responsabilidad y la transparencia (demostrar la asistencia a los congresos)?
Es la imagen de todos los maestros y maestras la que se ve deteriorada con esas actitudes cerradas de sus líderes gremiales; ¿por qué entonces callan y se dejan representar tan mal?; ¿por qué les permiten a unos pocos hablar en su nombre y dejarlos mal parados ante todo el pueblo costarricense y especialmente antes sus propios alumnos?
Insensatez gubernamental.En las esferas política y gubernamental esta carencia es muy peligrosa, porque empuja a nuestro país, en algunos aspectos, en la dirección opuesta a la que siguen los más avanzados (especialmente en mentalidad). Por ejemplo, mientras lo moderno y previsor en el resto del mundo es aumentar la edad para pensionarse con el fin de no quebrar los sistemas de pensión, este Gobierno y sus aliados temporales, a pesar de las fuertes advertencias de la Supén, están proponiendo bajar la edad de retiro.
En la presente Administración se les ha regalado tiempo extra a miembros del Gabinete que debieron sacarse del partido antes de que terminara el primer cuarto y, por el contrario, se les ha zafado la tabla a algunos de los mejores, como es el caso de la jerarca de Comercio Exterior, al firmarse acuerdos políticos que minan una de las actividades de mayor peso dentro del área a su cargo: las empresas de zonas francas. Pero la zafada de tabla es lo menos grave; lo realmente serio son las consecuencias que semejante propuesta le traerá a la economía nacional si los diputados la acogen.
Mientras las demás naciones que dependen en gran parte de la inversión extranjera se desviven por ofrecer condiciones super- atractivas, el PAC y el Gobierno proponen medidas que colocarían a Costa Rica en franca desventaja y sin duda la harían bajar más escalones en los índices de competitividad mundial.
En los últimos 10 años se han deteriorado significativamente varios de los factores que nos diferenciaban de otros países en vías de desarrollo, como la seguridad ciudadana, la estabilidad social y la infraestructura. Ya no basta la marca Costa Rica para atraer inversiones; es necesario ofrecer incentivos y generar confianza. Y un cambio de reglas en un plazo de apenas dos años no genera confianza, no proyecta una imagen de certeza jurídica y más bien nos hace parecernos a algunos países vecinos cuyas leyes cambian al capricho del gobernante.
Expertos en el tema ya han aportado datos más que suficientes para demostrar el enorme impacto de las empresas de zonas francas sobre la enconomía nacional. Los diputados están debidamente notificados.
Al mismo tiempo, los países competidores y las empresas que invierten en ellos, ya están enterados lo que aquí se está debatiendo; por eso, las corporaciones que en este momento buscan dónde iniciar o expandir sus operaciones ya están desviando la mirada hacia Estados con reglas claras y estables que den seguridad a sus millonarias inversiones y algunas de las que ya están instaladas aquí seguramente están pensando en trasladarse.
Y países como Panamá, República Dominicana, Colombia, India, Polonia o Irlanda se están frotando las manos gracias a la insensatez tica. ¿Será por eso que en algunos de ellos se está proponiendo crear la celebración del Día de Costa Rica?