Una cosa es lo que los costarricenses predican sobre la igualdad de género y otra cosa es lo que hacen en la práctica.
Tres de cada cuatro ticos opinan que los quehaceres domésticos deberían compartirse; sin embargo, al consultarles quién limpia su casa, más del 70% reconoce que esta tarea está en manos de una mujer de la familia.
Únicamente, el 20% dicen que él y ella se dividen ese quehacer.
Al preguntarles quién lava la ropa, plancha y cocina en su casa, ocurre lo mismo. El 82%, el 77% y el 73%, respectivamente, admite que dichas labores están a cargo de una fémina.
Estos son algunos de los datos que se obtuvieron en la más reciente encuesta de opinión elaborada por la empresa Unimer, para La Nación, entre el 7 y el 14 setiembre.
El estudio incluyó el criterio de 1.200 personas consultadas casa por casa en todo el territorio nacional. Tiene un margen de error de 2,8 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%.
¿Por qué las personas dicen creer en la repartición igualitaria de las tareas domésticas y, sin embargo, no la practican?
Para Montserrat Sagot, socióloga y directora de la Maestría Regional en Estudios de la Mujer de la Universidad de Costa Rica, la promoción de la equidad de género ha logrado incidir en las aspiraciones de cómo debería ser la sociedad, pero no en las acciones.
Puntualizó: “Viviendo en una sociedad que ya ha hecho importantes avances formales en materia de igualdad y equidad, es evidente que el discurso ha calado en la forma de un ‘deber ser’, pero que eso no se ha traducido en un cambio en las prácticas sociales.
”Concretamente, hay un avance en términos de actitudes, pero eso no ha tenido un efecto en la división sexual del trabajo”.
La presidenta ejecutiva del Instituto Nacional de la Mujer (Inamu), Maureen Clarke, lamentó el divorcio entre lo que se dice y lo que se hace.
“Esta es una muestra fehaciente de cómo somos de hipócritas. Como sociedad sabemos qué es lo que debemos hacer, pero ¿lo aplicamos? No”, comentó Clarke.
La funcionaria del Inamu también reconoció que al tratarse de comportamientos que se practican en el ámbito privado, es muy difícil inducir al cambio.
Yo, ¿machista? Otra aparente inconsistencia ocurre al pedirles a los ticos evaluar el machismo en otros y en ellos mismos.
El 81% de los encuestados determinó que la sociedad costarricense es “muy machista” (53%) o “algo machista” (un 28%). Sin embargo, cuando se les pidió calificarse a ellos mismo, el 82% de las personas aseguró que no era nada machista.
Por otro lado, seis de diez consultados indicaron que las personas que viven en su casa no son nada machistas, mientras que el 21% dijo que son “poco machistas”.
Sagot señaló que suele ser más fácil reconocer conductas definidas socialmente como negativas en las otras personas.
“Hay muchos mecanismos de negación que operan ya que la autocrítica no es un ejercicio fácil. Además, siempre hay formas de justificar la propia conducta y de definirla con otros parámetros con el fin de alejarse de las etiquetas negativas”, explicó la experta.