La guerra por México

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Fraser Pirie Empresario Aguacal1@yahoo.com 12:00 a.m. 14/10/2011

La joven Marisol Valles García, después de cursar la carrera de Criminología, fue nombrada jefe de Policía en su pueblo de Práxedes G. Guerrero, a dos kilómetros de la frontera americana y cerca de Ciudad Juárez. Esta fuerza policial de solo mujeres llamó mucho la atención y, por supuesto, de inmediato empezaron las amenazas, hasta que una llamada anónima la hizo huir de su casa con su familia y buscar asilo en los Estados Unidos.

Esa misma noche, los sicarios del cartel de Sinaloa, del temible Chapo Guzmán, la visitaron en su hogar para darle muerte. En su página web , ella señala cómo su pueblo cambió: compañeros de escuela y amigos de repente tenían carros grandes y costosos; compañeros del colegio que eventualmente empezaron a desaparecer.

Por toda la frontera de Práxedes, se trasiegan $300 billones en drogas. Allí existe una guerra sin cuartel entre las bandas criminales y asesinas, que luchan por el control de este paso fronterizo. El año pasado murieron 4.500 personas solo en Chihuahua y más de 42.000 han fallecido en todo el territorio mexicano desde el año 2006, cuando el presidente Calderón Sol les declaró la guerra a los carteles.

Cerca de El Paso, el pueblo de Caseta fue prácticamente destruido por los sicarios de los Zetas. Hoy el pueblo está casi desierto, y solo los soldados del Ejército mexicano patrullan la localidad con sus armas pesadas y equipo de combate. Práxedes también está bajo control del Ejército, y el gimnasio se ha convertido en una barraca militar. Lamentablemente, la Policía y los federales están totalmente penetrados por los carteles, y ahora el peso sobre quién ganará las batalla por México se asienta sobre el Ejército nacional.

Por Costa Rica fluyen toneladas de pasta de cocaína, de la cual somos informados cuando los traficantes cometen algún error y son capturados. Ya no se ve la enorme cantidad de capturas de droga como en el tiempo de don Fernando Berrocal. Lamentablemente, la mayoría sigue siendo trasegada clandestinamente. El trasiego se paga con cocaína. En nuestro país ya casi no hay un barrio o un pueblo en donde no se distribuya y venda la droga.

Esas redes gigantescas deben ser desmanteladas y sus miembros deben ser castigados con las penas de cárcel más severas. Además de las medidas de prevención ya se hace necesaria la severidad en el castigo, aunque se llenen las cárceles y tengamos que construir más.

Una actitud permisiva de muchos fiscales y jueces puede traer consecuencias desastrosas. Nuestra guerra y nuestro enemigo actual es el narcotráfico. Un enemigo que, como en México, ya se va infiltrando en todas las esferas de nuestra sociedad. Ya tenemos evidencias de que el cartel de Sinaloa y sus sicarios los Zetas se encuentran totalmente instalados en nuestro país.

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