Con el nuevo acuerdo Ottón-Laura, parece ser que la Reforma Tributaria va viento en popa hacia su aprobación. Como dije hace dos semanas, aunque no nos guste pagar más impuestos, lo más rescatable de este acuerdo es que se logre cerrar este capítulo, para que así el Gobierno y los diputados se dediquen a avanzar en proyectos más importantes para el país.
Vale la pena aclarar un par de puntos de este proyecto para que no quede la impresión equivocada. El primero es en cuanto al título de “Solidaridad Tributaria”. Esta es una frase cliché que trata de suavizar el corazón de los costarricenses, pero que no refleja tanto la realidad. Según un estudio del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de Costa Rica, el proyecto original logra reducir la regresividad del sistema tributario, pero este igual sigue siendo regresivo. Esto significa que, en el agregado, los pobres seguirán pagando en impuestos una proporción mayor de su ingreso que los ricos. Con la nueva propuesta Ottón-Laura, es de esperar que haya un poco menos de regresividad, por aquello de las nuevas exenciones e impuestos a los estratos más altos. Pero el sistema tributario seguirá siendo regresivo. Dado el monto tan alto que se quiere recaudar, tenemos que estar claro que todos tendremos que pagar más impuestos. Incluyendo los más pobres.
El otro aspecto que el proyecto trata de enfatizar es la “Sostenibilidad Fiscal”. El Gobierno vende la idea de que, con los nuevos impuestos, el país ya no tendrá problemas de deuda. Pero se necesita casi que un milagro para que salgan los números que hace el Gobierno. Es imposible que la reforma logre incrementar la recaudación de impuestos en 2% del PIB. Ninguna reforma tributaria en la historia de Costa Rica ha logrado más de un 1%. A la hora de ponerla en práctica siempre salen grietas por las que la gente logra evadir el pago de impuestos. Las concesiones otorgadas en la última negociación dificultan aún más la ingrata labor del director de Tributación. Por eso también veo difícil que el Gobierno logre su meta de aumentar un 1% por la vía de la reducción de la evasión.
Aunque la exposición de motivos de la versión 3.0 de la reforma habla de control de gastos en un lado, en otro habla de que el gobierno requiere de estos nuevos impuestos para gastar más. Yo no veo a este Gobierno con el compromiso de ahorrar por el lado del gasto. Siendo así, es de esperar que el déficit actual del Gobierno pase de 5,5 % del PIB a, si acaso, un 4% luego de la reforma. Según ese escenario, sigue siendo vital que el país vuelva a crecer a tasas altas para lograr la sostenibilidad deseada. Eso solo se logra reordenando el gasto del Gobierno y avanzando en los proyectos que realmente generan competitividad.