Nueva York. EUA. “Lo único que demandamos de esta Organización y del sistema multilateral en general, es atención rápida y oportuna frente a posibles agresiones. La comunidad internacional no puede condicionar su acción preventiva a que se activen las armas de hermanos contra hermanos”.
Con esas palabras cuestionó ayer la presidenta, Laura Chinchilla, ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), la lentitud con que el sistema internacional actuó para proteger a Costa Rica de la invasión del Gobierno de Nicaragua a isla Calero, acaecida en octubre del año pasado en el Caribe norte.
Chinchilla hizo la crítica anoche durante su participación en la sexagésima sexta Asamblea General de la ONU, en el auditorio del edificio de Naciones Unidas.
La mandataria alegó que el sistema internacional debe proteger a las democracias desarmadas, como la de Costa Rica.
“Debe reaccionar no solo en función de la cantidad y magnitud de las detonaciones, sino de la gravedad y persistencia de las violaciones. De lo contrario, el mensaje para el mundo sería funesto. Implicaría que, para movilizar la diplomacia, la ruta más corta pasa por la sangre. Como país y como pueblo, rechazamos enfáticamente esta idea”, argumentó.
Chinchilla explicó al plenario mundial que la confianza del país en el derecho internacional fue puesta a prueba con la invasión.
“Tras agotar las posibilidades de un arreglo bilateral digno, acudimos a distintos foros del sistema regional e internacional. El gobierno de nuestro vecino desconoció varios de ellos. Finalmente, gracias a medidas de urgencia ordenadas por la Corte Internacional de Justicia, los contingentes nicaraguenses debieron abandonar nuestro suelo (en marzo, casi cinco meses después de la primera incursión)”.
“Sin embargo, mientras esperamos el fallo definitivo de la Corte, Nicaragua, burlando sus órdenes, ha continuado las provocaciones y violaciones puntuales a las medidas provisionales; más aún, ha amenazado con otras acciones que podrían vulnerar nuestro territorio. Esperamos que no se produzcan. Pero, si así fuera, reactivaremos con energía nuestra acción ante los mecanismos del sistema internacional”.
Según explicó unos minutos más tarde a este medio, al hablar de “provocaciones” se refería a las últimas incursiones de jóvenes sandinistas a la isla, por las cuales la Cancillería le ha reclamado al gobierno de Daniel Ortega.
La embajadora de Nicaragua ante la ONU, María Rubiales de Chamorro, permaneció sentada durante todo el discurso de Chinchilla. Con ella estaba Carlos Arguello, el representante nicaraguense ante la Corte de La Haya.
En dos o tres días. La presidenta comentó a La Nación que introdujo este tema en el discurso porque las instancias internacionales deben responder de una manera más oportuna.
“Ante una violación flagrante, uno siente que el sistema multilateral tiene que tomar nota”, dijo de nuevo en referencia las últimas incursiones a Calero.
A su lado, el canciller Enrique Castillo dijo que Nicaragua aprovechó la demora de las instituciones internacionales para continuar con los destrozos en suelo costarricense (la apertura de un canal artificial y la tala de árboles), cuando Costa Rica necesitaba una respuesta en “dos o tres días”.
Parte del discurso también lo dedicó a poner en la palestra el tema del crimen organizado en Centroamérica.
Ella alegó que las organizaciones criminales de tipo internacional, como las del narcotráfico, destruyen la seguridad de miles de personas, corrompen las instituciones públicas e impulsan la adicción.
Por ello, llamó a la comunidad internacional a aportar más recursos para combatir la violencia que sufre Centroamérica por causa del crimen organizado.
“Insisto ante el mundo en que no esperemos más para actuar y evitar una mayor tragedia en nuestra región. Ya es tarde. Luego será trágico”, sostuvo la mandataria.