Los de la droga pretenden dominar el escenario del crimen, de la sociedad y de las ideas. Nada tan vital hoy como la política por la juventud. Si no ganamos la batalla de calle, no ganaremos la de la familia, tampoco la del crimen. Se trata de una batalla que se tiene que regenerar en valores. No podemos tener dos casas de mando: una la del crimen y otra la de la ley y los valores.
El pueblo ha organizado la sociedad con un objetivo común: fortalecer la democracia como un valor fundamental de la sociedad. El mando unido tiene que ver con autoridad, un tema que parece no ser popular, pero es fundamental.
Los jóvenes del Oriente Medio no merecen el caos como solución. Sin embargo, en los territorios de guerra, solo el mando unificado da solución a los retos. Una familia dividida desfallece.
La hora de un cambio de mando joven requiere sociedades con criterio. Si 1989 significó un cambio en los espacios de libertad, lo fue también el descubrimiento de la mentira, luego de 60 años de dictadura. Hoy, la apertura del mundo árabe a la juventud y a la democracia podrían ser un espacio de cambio.
Sabemos que no es fácil ser joven en América Latina, como lo señala el experto en temas sociales Bernardo Kliksberg.
Sin embargo, malos tiempos pueden ser buenos tiempos para las ideas y los cambios. La clave de la sociedad parece ser la necesidad de lograr una real apertura de los jóvenes al cambio y a su participación real en la sociedad .
Apostar por ellos, es concretar oportunidades, enrumbar proyectos y mejorar la calidad de la escuela y del barrio. La batalla del crimen se gana o se pierde en los escenarios pequeños, siendo el primer peldaño el ámbito familiar y la calle frente a nuestras casas.
El crimen hay que vencerlo allí, con orden, criterio y con la ley en la mano.