Canadá y Costa Rica se preparan para negociar una nueva versión del Tratado de Libre Comercio (TLC) que se firmó hace diez años, cuando la diversidad bancaria era limitada y la apertura de las telecomunicaciones había salido derrotada por las protestas sociales contra el “combo ICE”.
A eso viene el primer ministro canadiense, Stephen Harper, su ministro de Comercio, Ed Fast, y el de Relaciones Exteriores, John Baird, además de la ministra para Asuntos de América, Diane Ablonczy.
Ellos llegarán este jueves con licencia para proponer un nuevo TLC, pues el Congreso en Ottawa ya emitió al Gobierno el mandato necesario para venir aquí a hablar del tema con las autoridades ticas, según Anabel González, ministra de Comercio Exterior.
El mandato salió la semana pasada, apenas antes de que el primer ministro saliera a su gira por Latinoamérica, en la que incluyó la potencia Brasil, Colombia (con la que podría firmar un TLC), Costa Rica y Honduras.
Así pretenden entrar este año a la negociación de un acuerdo, como se planteó desde el año pasado.
“No hay capítulo de servicios y afecta el aspecto financiero. Los derechos de los bancos extranjeros no son los mismos. No hay un tratamiento igual”, dijo en agosto del 2010 el embajador Neil Reeder, a dos días de dejar el cargo.
El único banco de origen canadiense presente en el mercado costarricense es el Scotiabank.
Aunque la ministra González evitó ayer referirse a la posible propuesta canadiense, sí reconoció el interés por incluir un capítulo de servicios que incluya las telecomunicaciones, pues en el 2002 eran monopolio estatal, pero ya no.
A Costa Rica le interesa que Canadá dé también trato preferencial a los productos fabricados en zonas francas, los cuales están fuera del TLC firmado en tiempos del presidente Miguel Ángel Rodríguez.
Ese fue el primer TLC firmado por Costa Rica con un país desarrollado, el cual fue destino del 0,9% de las exportaciones ticas en el 2010, pues llevó bienes por un valor de $82 millones, en especial cable eléctrico, prótesis, textiles, café, llantas y piña.
Las importaciones fueron por $115 millones, lideradas por trigo, papa, papel, abono y medicinas.