El canciller René Castro se despidió de su cargo un viernes y el lunes su sucesor interino, Carlos Roverssi, anunciaba a Suiza que ya no cerraría la embajada en Berna.
Roverssi lo hizo mediante una llamada telefónica al embajador Hans Rudolf Hodel el lunes 1.° de agosto, posición que se oficializó el miércoles siguiente en el documento DM-DVM-443: “Costa Rica ha reconsiderado seriamente la situación de su Embajada ante el Gobierno de la Confederación Suiza”.
“Nuestras excelentes relaciones (...) no podrían seguirse desarrollando de la forma como se ha hecho si nuestra Embajada en Berna dejara de existir”, dice la carta.
Así quedó sin efecto la intención del excanciller Castro de cerrar el local en la capital suiza para atender las relaciones bilaterales desde la Embajada de Costa Rica en Ginebra, sede de Naciones Unidas.
Castro decía que debía reforzar el equipo para atender las nuevas tareas de Costa Rica como miembro del Consejo de Derechos Humanos, desde el mes pasado.
Él aseguró que ya lo había comunicado de manera directa a las autoridades suizas en Berna, pero el Embajador en Costa Rica insistía en que esa fusión de embajadas era algo inaceptable para su país.
Al final, la presidenta Laura Chinchilla decidió llevar a Castro al Ministerio de Ambiente y acabar los conflictos en Cancillería. Entonces Roverssi, ministro interino, revirtió el plan del antecesor.
El canciller designado, Enrique Castillo, asumirá funciones en setiembre, pero dijo ayer estar en favor de la nueva decisión. “Eso no era conveniente ni apropiado”, dijo el canciller designado, quien aseguró que otros profesionales de Cancillería adversaban el cierre.
Consultado sobre el efecto de cambiar la decisión basados en el cambio de canciller, Castillo dijo creer que “Suiza no lo va a tomar como algo personal”. “Se asumirá simplemente como una rectificación de la Cancillería”, dijo.