Cartago. En un silencio apenas interrumpido por el recitar constante de las avemarías y por los vendedores que ofrecían todo tipo de alimentos, los peregrinos caminaron ayer sin contratiempos hacia la basílica de la Virgen de los Ángeles, en Cartago.
Ni los pronósticos del Instituto Meteorológico de mal tiempo espantaron a los fieles, que disfrutaron de una tarde fresca, pero sin lluvia, por lo menos entre Curridabat y la Vieja Metrópoli.
No hubo “tumbacocos” que desconcentraran a los miles de peregrinos, quienes parecían haber llegado a un acuerdo de caminar en silencio, reduciendo sus palabras a oraciones a La Negrita, peticiones y agradecimientos.
La caminata al santuario cartaginés conmemora el día de hoy el 376 aniversario del hallazgo de la imagen de piedra de la patrona de Costa Rica.
Además del silencio, la ausencia de basura sorprendió a los viajeros. Este año, gracias a un convenio de instituciones públicas y empresas privadas, hubo decenas de puestos de reciclaje en los que se podía clasificar el plástico, aluminio y desechos orgánicos.
En el recorrido, la fe caminó descalza o en medias, avanzó en silla de ruedas o con un bordón de apoyo cuando ya los años y las horas pesan.
Ese es el caso del matrimonio de Elizabeth Vindas y Édgar Valerio, casados hace 45 años, pero acostumbrados a caminar la romería desde hace 41. Con lágrimas, doña Elizabeth reconoció que va a los pies de La Negrita para agradecer un milagro. También, en esta ocasión, para pedir por la salud de su hija, quien tiene cáncer de colon.
Estos dos robles de 65 años, en sus primeros años de matrimonio hacían la romería desde San José de la Montaña, en Heredia, pero ahora el cansancio los obliga a caminar desde la capital.
“Vamos a venir mientras la fuerza nos los permita”, manifestó la señora Vindas.
Subiendo el alto de Ochomogo, con ampollas en sus pies descalzos, Esteban Arias también tiene razones para peregrinar. En los últimos seis años ha hecho el viaje con los pies desnudos, para agradecerle a la Virgencita porque su papá siga alejado del alcohol. Y esta vez, para pedir por su novia enferma de asma y su mamá, a quien le detectaron nódulos en un pecho.
Peregrinación diluida. Los 20 kilómetros que separan a Curridabat de Cartago se convirtieron anoche en un enorme y variado mercado de alimentos, ropa y recuerdos. Rosarios desde ¢250, pañuelitos con la imagen de la Virgen de los Ángeles a ¢500, elotes, pupusas, mamones chinos y jocotes. Abrigos de lana, gorros, guantes, bufandas y miles de capas plásticas que se quedaron en las bolsas.
Sin embargo, los comerciantes callejeros no estaban del todo satisfechos con las ventas. “Vengo a ganarme algo, pero las ventas están muy malas, este año hay menor asistencia”, declaró Marielos Leandro, una vecina de San Juan de Dios, Desamparados, que pretendía vender rosarios y focos en los alrededores de Cartago.