Ganarle la guerra al cáncer, liberarse de nebulizaciones y pasar una Navidad fuera del hospital, son algunas de los ganancias que tres mujeres consiguieron tras participar en investigaciones clínicas.
Ellas recurrieron a lo que parecía una última oportunidad para su salud: experimentos médicos en seres humanos.
Hoy, se confiesan rescatadas de sus males, y al igual que académicos y empresarios, abogan porque en el país se apruebe el proyecto de ley 17.777 para que continúen las investigaciones con personas.
Estos estudios están vedados desde enero del 2010, cuando la Sala IV anuló el decreto que permitía la actividad, pues consideró que debía ser regulada por una ley y no por un reglamento.
“A mí me duele mucho que esté detenido, porque si no siguen las investigaciones, cómo va a llegar la ayuda a las personas” dijo Kattia Astúa, quien tiene 38 años y padece de asma crónica desde que era adolescente.
Astúa ingresó a un estudio de un año para probar un medicamento porque, según dijo, ya era su única esperanza.
“Mi abuelita había muerto de asma y un tío estaba agonizando; entonces, yo le dije al doctor que yo no me quería ver así. Uno siempre piensa en los hijos, y yo necesitaba algo, algo... Entonces, él me dijo que había un estudio, que si yo quería, me podía incluir”, recordó.
¿Experimentos? En el país, la mayor cantidad de estudios que se realizan ya están avanzados, son de fase tres y cuatro, según explicó el psiquiatra e investigador del Centro Costarricense de Investigaciones Médicas (CCIM), Andrea Guissepe Mesén.
“Son medicamentos ya conocidos y se trata de confirmar su eficacia, pero ya han sido probados antes ”, explicó el especialista.
Actualmente, quedan 63 protocolos o investigaciones activas que son fiscalizados por un comité de ética y por el Ministerio de Salud.
Entre tanto, el proyecto de ley para regular las investigaciones biomédicas está en conocimiento de los diputados desde hace un año.
Otras voces. Para Teresita Méndez, esa regulación debería permitirle a más gente buscar cura a sus males.
Ella tiene 43 años y casi 25 de padecer de asma. Sin embargo, siete años atrás se incluyó en una investigación y asegura que su condición comenzó a mejorar.
“Me siento como nueva, porque yo era una paciente que pasaba en el hospital”, relató Méndez.
Argumentos similares esbozó Iris Arias. Ella decidió probar un tratamiento en estudio y cree que eso la salvó de la muerte.